El apaga-fuegos y los vendedores de humo

Si hay un cargo irrelevante en la estructura de gobierno del régimen autoritario que rige El Salvador, esa es la vicepresidencia. Reducida a la insignificancia a partir del desarrollo del modelo autocrático imperante, su papel es de falseador oficial de la verdad, encargado de crear coartadas para el usurpador.

En cualquier caso, el rol jugado por quien se supone segundo al mando en el Estado, no es otro que apagar con mentiras absurdas los incendios producidos por escándalos que de manera recurrente salen a la luz. Lo hace desde el primer día, cuando aún no era un usurpador sino integrante de la primera fórmula presidencial junto al jefe del clan.

Ya entonces sus tareas resultaban ignominiosas, como, por ejemplo, conformar una estructura para estudiar reformas constitucionales. Negaba entonces cualquier intención de cambiar la forma de gobierno, alterar cláusulas pétreas, o eliminar la prohibición de la elección presidencial consecutiva. Llegó a asegurar que si alguna vez sucediera, no tardaría en presentar su dimisión. Seis años más tarde sigue siendo cómplice necesario del dictador, y justifica sus hechos en el “respaldo popular”.

Cuando el decreto del régimen de excepción renovado ad eternum escandalizó a la mayoría de sociedades civilizadas y decentes en el mundo, ante el avasallamiento continuado de derechos civiles y humanos, fue Félix Ulloa el enviado a Europa y América Latina para justificar lo injustificable. Las mentiras eran burdas y evidentes pero, nuevamente escudado en la supuesta popularidad del dictador, no se inmutaba en pronunciar afirmaciones fácilmente refutables con hechos, a pesar de la casi impenetrable muralla de silencio y opacidad generada por el régimen. 

No hace mucho, fue enviado a Bolivia a saludar la toma de posesión presidencial de un personaje ideológicamente afin a quienes rigen los destinos de El Salvador. Allí afirmó que las mazmorras salvadoreñas son cárceles dignas, y que el CECOT -la joya de la corona de este mundo al revés, donde lo que se promueve como avance es el retroceso a lo tiempos de indignidad sin justicia, y donde el mayor logro es la construcción de una megacárcel que viola todos los estándares internacionales de tratamiento a personas detenidas, conocidas como Reglas Mandela- era un modelo ejemplar.

Fue también el encargado de militarizar la narrativa oficial, hablando de “casus belli” al referirse a la lucha del Estado para combatir delincuentes organizados en pandillas.

Hoy, nuevamente su destino es Europa. Como resulta imposible negar cerca de 500 muertes de personas detenidas bajo el régimen de excepción, muchas de ellas con claros signos de torturas, las normaliza. Informes de organismos de derechos humanos consignan la captura de 94,844 salvadoreños y 482 muertos en prisiones por el régimen de excepción. Y poco se habla de la desaparición de personas, sobre todo mujeres, que sigue sucediendo.

Afirma, este personaje sin dignidad, que “en todas las cárceles muere gente”. Con el mismo lenguaje deshumanizado y salvaje del dictador, asegura que los críticos presidenciales sufren “bukelefobia”, y que las acusaciones son “leyendas sin fundamentos”.

Como los dictadores más salvajes de antaño, se refiere a los casos probados internacional e irrefutablemente de violación sistemática de derechos, como “excesos” de individuos y no como lo que son, criminales políticas institucionales del régimen.

Crisis económica, pobreza, endeudamiento y enriquecimiento de élites

La dictadura se aproxima a una situación económica límite y sin precedentes, con una deuda pública de US$33,807 millones, que supera el endeudamiento acumulado durante los 15 años previos a su llegada al poder (2019).

Las continuas compras de Bitcoin y el retraso en la presentación de una propuesta para la reforma del sistema de pensiones estarían complicando la posición de El Salvador en sus conversaciones con el FMI, según publicó Bloomberg recientemente.

Recordemos que el Gobierno de El Salvador se había comprometido a presentar su propuesta de reforma de pensiones, con apoyo técnico del FMI, el pasado 10 de febrero; mientras que, debido a la baja en la cotización del Bitcoin, las reservas en criptomoneda oscilan en US$496 millones, tras haber superado los US$700 millones.

El FMI aún no ha presentado su segunda evaluación de programa, que asciende a US$1,400 millones, pero del que no ha desembolsado la mayoría. Según el informe de Bloomberg el país enfrenta pagos de bonos por US$450 millones este año, que ascenderán a casi $700 millones el próximo año.

El Salvador ha violado acuerdos con el Fondo, y la única razón para pensar que la institución no cerrará el grifo financiero, es el respaldo de un fascista a otro fascista, del que gestiona la Casa Blanca, al autócrata de CAPRES.

De modo que Ulloa miente con objetivos; necesita atraer con sus mentiras a potenciales inversores. Vende seguridad aparente para conquistar incautos, mientras hace todo lo posible por ocultar en su discurso la flagrante inseguridad jurídica que vive El Salvador, donde ninguna inversión está segura, a menos que pertenezca o dependa del clan familiar que dirige el país a su antojo.

Organismos como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) han expresado preocupación por el cierre del espacio cívico, acentuado por la extensión del régimen de excepción, señalando que la medida ha generado detenciones masivas, violaciones al debido proceso y limitaciones a la libertad de expresión y asociación.

Pese a ello, Ulloa afirmó que “jamás, desde que se decretó (el estado de excepción), ha afectado una sola libertad pública. Fue decretado para limitar garantías constitucionales, que este día solo se afectan dos (plazo de detención administrativa y privacidad de la correspondencia).

Afirmó que no es el gobierno quien define la inocencia de los detenidos, sino los jueces y aseguró que al menos 8 mil personas han sido liberadas “tras probar que no tenían vínculos con pandillas”, admitiendo así que en El Salvador no existe el principio de inocencia. No dijo que que desde el Ejecutivo se instalan los jueces, y que las amenazas de represalia no se hacen esperar cuando un juez no sentencia como el gobierno quiere.

Normaliza la persecución a periodistas, con medio centenar de comunicadores exiliados, afirmando que “responden a la oposición”, como si, en el supuesto que esto no fuera una mentira más de este mentiroso compulsivo, pertenecer a la oposición constituyera un delito que amerite persecución, cárceles, tormentos y exilios.

Afirmó que el gobierno ha dicho que quitará el régimen de excepción “cuando el pueblo salvadoreño diga que ya no lo quiere, pero ahora el 97% de la población quiere el régimen de excepción”.

La encuesta de La Prensa Gráfica, a la que parece referirse, pues no indica fuentes, indica que el 70.3% de la población identifica la seguridad como el mayor logro; no consigna que haya consultado sobre la continuidad del régimen, ni ese 97% expresado por Ulloa, que ha profesionalizado su capacidad para mentir con descaro.

 Los vendedores de humo

Mientras el vicepresidente se dedica a mentir en cada rincón del planeta, otros representantes de la dictadura cumplen papeles complementarios. Así, la Canciller Hill Tinoco, personaje sin peso o personalidad alguna dentro del gobierno, a excepción de sus relaciones de negocio y familiares con parte del clan en el poder, fue enviada a asegurar, mediante expresiones de sumisión, que los incumplimientos con el FMI no tengan mayores consecuencias.

Para eso representó al país en la deplorable reunión de la llamada Junta de Paz, una junta de accionistas y actores secundarios en la puesta en escena de Trump a su proyecto de desarrollo inmobiliario de lujo sobre territorio Palestino, escenario del genocidio sionista, que servirá para enriquecer a inescrupulosos multimillonarios y especuladores, mientras busca subordinar a la ONU al nuevo organismo trumpista.

Otros vendedores de humo lo siguen haciendo sin necesidad de viajar, como el presidente de la Asamblea Legislativa, que anuncia nuevas inyecciones de fondos al proyecto DoctorSV, el sistema de atención médica por IA, mientras desmantelan el sistema público de salud.

El doctor Rafael Aguirre, secretario y representante del sindicato de médicos y trabajadores del Seguro Social, SIMETRISSS, denuncia que el gobierno destinó otros 77 millones de dólares a la aplicación DoctorSV mientras en el Instituto Salvadoreño del Seguro Social y en la red pública hospitalaria escasean medicamentos esenciales.

DoctorSV es una plataforma que, según los datos expuestos, apenas es utilizada por el 5% de la población, está instalada en solo el 3.9% de los celulares, y recibió una inversión multimillonaria, mientras pacientes deben salir a comprar sus medicinas porque el sistema no las tiene.

“En un país donde la gente llega a las farmacias del Seguro Social y escucha “no hay”, destinar decenas de millones a una aplicación de bajo uso, resulta un insulto a la realidad sanitaria. Si faltan medicamentos, si hay carencias en hospitales y clínicas, ningún discurso de modernización puede justificar semejante gasto. La salud pública no puede convertirse en propaganda digital mientras se desatienden necesidades básicas”, afirman en SIMETRISS

Otros se encargan de vender “progreso” urbano mediante planes estéticos, pero sin abordar la resolución estructural de los problemas, como el drama cotidiano del transporte público, al anunciar botones de alarma y cámaras en unidades de transporte colectivo y hasta un fantasioso sistema de Metrocable en San Salvador.

Todo ello sin consultar jamás a la población afectada, mientras ocultan que El Salvador enfrenta una reducción sostenida en su flota de transporte público; el país ha perdido cerca de 2,000 unidades en los últimos siete años, lo que ha generado la caída de unas 900,000 movilizaciones diarias y una saturación en servicios informales. La crisis económica, el envejecimiento de la flota, de más de 20 años, y dificultades para la renovación han provocado la salida de buses y microbuses, afectando a miles de usuarios.

La improvisación y medidas para distraer la atención de los problemas centrales parecen ser ejes permanentes de la dictadura. Así, los vendedores de humo hacen coro al vendedor mayor quien, desde CAPRES, sigue ofreciendo un fantasioso país de primer mundo, mientras las finanzas quiebran, y el endeudamiento se vuelve compulsivo.

Como no hay recursos ni intención de disminuir la pobreza ni la pobreza extrema, prima el show, como el de la artista colombiana que en cinco espectáculos generó suficiente propaganda para el régimen como para que se hable poco, por ejemplo, de los trágicos  incendios en el Centro Histórico de San Salvador, que abren ahora la posibilidad de desarrollos inmobiliarios sobre la destrucción y la pérdida de vidas y patrimonio cultural.

El gobierno garantizó transporte gratuito para asisitr a los conciertos, pero también una militarización inusitada, que advertía claramente en manos de quién está el control del país.

Circo y más circo es la receta del gobierno, convencido que la población sigue comprando su discurso de insultos y mentiras. Queda, sin duda, mucha tarea por hacer desde las fuerzas populares para avanzar en la conciencia de un pueblo secuestrado por una narrativa fascista, de odio y división.

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