El mundo a la deriva

2026 parece ser el año de los “antes y después”, de los parte-aguas de la historia. Primero nos dijeron que el 3 de de enero era “el fin de algo”; se comenzó a naturalizar el secuestro de un jefe de Estado. Al finalizar el segundo mes se produce otro “antes y después”. Pero esta vez los golpes contra Irán representan más, mucho más que un parte-aguas.

Ahora Occidente, el occidente imperial, el imperio estadounidense a cargo de un peligroso grupo neonazi, asociado a otra criminal expresión neofascista, el sionismo del ente israelí, pretenden presentar como algo normal la muerte violenta de otro jefe de Estado. Ya lo habían hecho cuando asesinaron al líder libio Muammar al-Gaddafi; hoy lo hacen mediante misiles contra el lider de la República Islámica de Irán.

Este no es “otro antes y después”. Las acciones criminales llevadas a cabo interpelan la paz mundial, ponen en peligro no solo millones de vidas en una amplia zona de conflicto en expansión, sino que eliminan cualquier límite que pudiera impedir, por ejemplo, ataques contra personajes determinantes de la política mundial. Hoy “nadie” estará a salvo, aunque la narrativa hegemónica esté presta a saltar y condenar cualquier acción contra líderes occidentales.

La guerra impuesta hoy es comercial, comunicacional, tecnológica, militar y brutal. No es el mundo que conocimos antes del 28 de febrero ni antes del 3 de enero. Es otro, caótico, peligroso y letal.  Pero algo ha cambiado, no se trata ya solo de lo que pueden imponer los poderosos, Hoy, con sus acciones, han abierto la puerta para que los pueblos también, como decía un antiguo líder sudamericano, “hagan tronar el escarmiento”.

Odiosas comparaciones

Mientras el mundo se preparaba para una conflagración en el Asia occidental, y Cuba hacia respetar su soberanía territorial sin hacer concesión alguna ante los matones que llegaban armados desde Miami, en el país más pequeño de Centroamérica, al dictador salvadoreño no le bastaba con insultar la inteligencia de sus ciudadanos sino que buscaba desesperadamente llamar la atención en el terreno internacional.

Necesita buscar protagonismo más allá de las fronteras salvadoreñas porque su visibilidad pública empieza a ser desplazada y ve cuestionado su prestigio prefabricado. No es un asunto menor para un dictador que pretende aglutinar a la extrema derecha del continente y presentarse como un referente de mano dura ante los neonazis del mundo.

Para eso necesita discursos deshumananizados, que lo presenten como un inflexible perseguidor de criminales, pero también látigo implacable contra el progresismo, o las corrientes de izquierda, y contra todo aquello que Donald Trump y su banda llama la cultura woke, las políticas inclusivas y cualquier elemento asociado al humanismo.

La dictadura salvadoreña representa los anti-valores propios de sociedades egoístas y deshumanizadas, producto de décadas de neoliberalismo salvaje. Se ubica en las antípodas del llamado Humanismo Mexicano, del cual puede que no se encuentre una definición común y satisfactoria pero, sin duda, representa valores morales infinitamente superiores a las de cualquier mediocre neofascista con delirios de grandeza.

Es en ese marco de profundos sentimientos de inferioridad, que podemos entender la reacción del dictador ante lo que consideró una amenaza al territorio del cual pretende asumirse como único señor, el de la lucha implacable contra el crimen organizado.

Que una Presidenta de un país que, a diferencia del suyo, se rige por estrictas reglas constitucionales y un Estado de Derecho respetado a rajatabla, pueda abordar en una conferencia de prensa abierta, sin censuras, sin las tradicionales trampas dialécticas y persecutorias del bukelato, convocando a medios de comunicación de todo signo, y explicar en detalle las acciones que llevaron a la eventual muerte de uno de los más buscados jefes criminales en el mundo, admitiendo que no era su muerte sino su captura lo que se buscaba, era más de lo que un dictador despiadado podia soportar.

De inmediato definió como idioteces los argumentos que, desde México, explicaban el tipo de criminales que enfrentaba el Estado, con la Ley y la Constitución en la mano, sin régimen de excepción ni violación del derecho a un juicio justo.

Entre las expresiones señaladas con pretendida ironía y mal gusto por el usurpador figuran::

Nuestros criminales son los mejores”, “nadie puede contra nuestros criminales”, “nuestro país es tan, pero tan grande que estamos condenados a vivir en el terror”, “ningún país grande puede acabar con el crimen” y “los países que son mucho más grandes que el nuestro con bajas tasas de criminalidad no cuentan”.“Las idioteces que se leen a veces. Pero bueno, cada quien cosecha lo que siembra”, subrayó en su publicación, y agregó: “Ojalá algún día piensen diferente”.

Ojalá que no, que jamás piensen como los sádicos que desde El Salvador, los Estados Unidos o Israel, se creen dueños y señores de la vida de otros. Que desprecian la vida, las leyes, la justicia, los juicios apegados a un derecho del que descreen, porque el único que les vale es el que se ajusta a sus intereses.

Este tipo de personajes, que parecen salidos de un pasado que creíamos superado, detienen a quien consideran sospechoso, dan por sentada culpabilidades, y condenan; justifican la muerte de sus víctimas, a quienes culpan de su suerte, como sucedió en Minneapolis, o como argumentaba el vicepresidente salvadoreño en su gira europea.

No necesitan abogados ni pruebas. Del mismo modo actúan los asesinos uniformados que manda Washington al Caribe a eliminar naves con toda su tripulación, utilizando para ello la incomparable asimetría militar a su favor.

Al mismo, tiempo, medios internacionales[1] recordaron estos días que una investigación del periódico digital El Faro reveló indicios de colaboración entre El Salvador y un operador del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) para recapturar a un prófugo conocido como “Crook”. La información se basó en comunicaciones filtradas que sugerían coordinación entre funcionarios de seguridad y presuntos criminales.

Las comparaciones son odiosas, pero a veces necesarias, en especial cuando evidencian la superioridad moral de una y la despreciable degradación moral de otros.

Incendios sospechosos

Mientras el dictador disputa cuotas de popularidad y centralidad en el extranjero, su país se incendia. No parece interesarle que en 2026 los siniestros hayan aumentado un 82%, totalizando 1684.

Además de incendios en zonas rurales también se han desatado numerosos siniestros en áreas urbanas. En más de un caso, estos hechos despertaron sospechas -que aún no se despejan- acerca de la oportunidad que representaría para especuladores inmobiliarios en zonas como el codiciado centro histórico capitalino, o el incendio de un hotel en abandono, cuya estratégica ubicación podría dar pie a importantes ganancias.

 Lo mismo ha sucedido en zonas de mercados y hasta en puertos. La falta de transparencia oficial, en cualquier caso, abre aún más el camino a la sospecha.

 Bajan impuestos al alcohol pero no a la renta de los trabajadores

Si algo caracteriza el régimen autoritario y autocrático que sufre El Salvador es su tendencia a facilitar los negocios y las ganancias del segmento más rico de la sociedad, empezando por los empresarios asociados o cercanos al clan en el poder.

 En paralelo a las ventajas evidentes ofrecidas a inversores y especuladores, se constata las desventajas para los sectores populares.

La Asamblea Legislativa redujo los impuestos al whisky, la ginebra y otros licores, con los cuales se financiaba una parte del Fondo Solidario para la Salud (FOSALUD), el segmento del sistema de salud orientado a atender las necesidades de los sectores más humildes de la población.

Las disposiciones fueron aprobadas con dispensa de trámite. Al aprobar leyes en estas condiciones se reduce el debate, y la capacidad para considerar el alcance negativo de una medida y su impacto en la población.

La probable consecuencia será la eventual desaparición de FOSALUD, ya que el 35% del impuesto a las bebidas alcohólicas va para sostener ese rubro.

Pero la medida tiene potencialmente otros efectos adversos como un posible aumento de feminicidios, violencia intrafamiliar, afectaciones a terceros a causa de conductores irresponsables y peligrosos. Con la rebaja de precios a causa de la reducción de impuestos es previsible un mayor consumo, más atropellamientos y accidentes de tránsito, afectando a la población no consumidora.

Según el gobierno, la medida se toma para “aplicar principios en materia de comercio internacional”  Sin embargo, economistas consultados sostienen que eso no es cierto, porque esos principios están en los TLC aprobados hace 25 años (con México), 24 años (con Chile), 20 años (con E.U.) y 19 años (con la U.E.).

La verdadera razón parece ser el avance en los planes de privatización de los servicios de Salud. Afectar a FOSALUD para luego cerrarlo y hacer más lucrativa la medicina privada parece una apuesta propia de mentes salvajemente neoliberales.

Al mismo tiempo, mientras los diputados aprobaban estas medidas injustificables, negaban sus votos (todos sus votos, sin excepción) a una propuesta de una diputada opositora para reducir la tasa de impuestos sobre la renta a los trabajadores.

Otro ejercicio de entreguismo silencioso

Sin mayor publicidad la ministra de Economía, María Luisa Hayem, pidió a la Asamblea Legislativa derogar el artículo 10 de la Ley de Bancos que establece un mínimo accionario del 51% en las entidades bancarias por personas salvadoreñas o centroamericanas, empresas con una mayoría local o regional, o extranjeros calificados.

Según la propuesta, la reforma busca “dar acceso a los nuevos capitales e inversiones en el país, a fin de generar una mayor competencia en la intermediación financiera, posibilitando la creación de nuevas fuentes de acceso al crédito a los ciudadanos”. Esto, según el Gobierno, eliminará restricciones legales que impiden o dificultan la “entrada de nuevos competidores en el mercado”.

Según un estudio del Banco de España, publicado en marzo de 2025, la banca de capital colombiano conforma el 54.1% del mercado salvadoreño, mientras los bancos de origen nacional solo conforman el 14%.

Hay 13 bancos en El Salvador: cinco de capital salvadoreño –Fomento Agropecuario, Hipotecario, Abank, Azul e Integral– . El resto lo conforma Bancoagrícola, parte de Bancolombia; Davivienda, del grupo colombiano Bolívar; Cuscatlán, de Inversiones Cuscatlán Centroamérica; Atlántida (Honduras); Banco de América Central (BAC Credomatic) y Promérica, de origen nicaragüense; Industrial, de capital guatemalteco y Citibank, estadounidense.


[1] https://elsoberano.mx/2026/02/26/filtraciones-apuntan-a-presunto-pacto-entre-bukele-y-el-cjng-para-recapturar-a-lider-de-la-ms-13/

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