¿Feliz Navidad?

Iniciada la época de fiestas decembrinas lo habitual es pensar que, por algunos días, una especie de tregua tácita en las tensiones y conflictos sociales se dicta de alguna manera, y ésta serviría a su vez para, cuando no se llegue a algún grado rudimentario de paz social, al menos resulte útil para “recargar pilas” y prepararse para enfrentar los nuevos desafíos que se asoman en el horizonte.

En el caso de El Salvador esa esperanza aparece frustrada por una realidad tosuda y pertinaz, que se empeña en despertarnos de cualquier sueño de opio que pretenda imponer un régimen que entiende estas fiestas como entiende todo lo demás: una oportunidad para desplegar un ejercicio frenético de mercadotecnia que pinte en los medios nacionales e internacionales el país de fantasía y felicidad que inventan sus publicistas.

Una “feliz escena familiar” transmitida desde Casa Presidencial en cadena nacional, con arbolito luminoso y Santa Claus incluido, sirve  de excusa para vender la falacia propagandística del “país seguro”, del ejemplo para el mundo, y donde todo es felicidad, paz y amor.

Será interesante ver como toman esta patraña que insulta su inteligencia las más de 60mil familias salvadoreñas que desde el año 2019 han caído en la pobreza extrema, según datos oficiales; a ver qué piensan de los “logros” propagandizados por un gobierno corrupto como pocos en la historia de un país reconocido por haber contado con algunos de los gobiernos más corruptos y serviles a los grandes capitales transnacionales (baste recordar las gestiones de areneros como Francisco Flores o Antonio Saca, inspirador del actual partido en el gobierno, para tener una idea de los niveles de corrupción que han debido superar los actuales gobernantes con sus latrocinios espectaculares).

Curiosamente, esa misma cifra de sesenta mil, coincide aproximadamente con la cantidad de familias salvadoreñas, en su inmensa y abrumadora mayoría provenientes de los segmentos más pobres de este país, que cuentan con al menos una persona encarcelada bajo el régimen de excepción (devenido permanente desde marzo de este año).

Como las encuestas le dicen al autócrata de CAPRES que su política de mano dura contra la delincuencia organizada en pandillas le da réditos en su popularidad, decide insistir en utilizar propagandísticamente el tema, seguir militarizando el país y desviar así la atención de otros asuntos, como el altísimo e imparable costo de la vida, que sigue golpeando a cada familia perteneciente a las grandes mayorías explotadas y marginadas del goce de la riqueza colectiva, en un país convertido en empresa privada del clan de gobierno y sus socios oligarcas.

También pretende hacer olvidar a los jubilados y al 25 % de población trabajadora formal que podría aspirar algún día a jubilarse, que probablemente seguirá sin poder obtener una pensión digna ni recurrir al retiro de un porcentaje de sus ahorros de pensiones gracias a la nueva ley de pensiones aprobada; también busca evitar recordar que desde este próximo año los fondos de pensiones no serán una garantía, porque su parlamento acaba de eliminar los limites de porcentajes que el gobierno puede utilizar del fondo de trabajadores para otros fines.

Busca hacer olvidar que el país de maravillas que se empeña en fabricar sigue siendo el que menos crece en América Central, siendo a la vez de los de menor crecimiento en el continente y que no se espera que el próximo año ese crecimiento supere el 1.5. Que la deuda exhorbitante del país lo sitúa entre uno de los que menos confianza genera para inversionistas extranjeros, y por ello solo grandes especuladores y estafadores de cuello blanco y discursos tan nefastos como los del jefe del clan, se acercan a El Salvador buscando esquilmar dólares a cambio de espejitos de colores, que hoy se conocen como Bitcoin. Pretende hacer olvidar que los grandes gurus de las criptomonedas en el mundo están cayendo uno por uno, primero en bancarrotas escandalosas y luego en cárceles y millonarias extradiciones.

Quiere hacernos olvidar que los pacientes se siguen muriendo en hospitales decrépitos y desabastecidos, que miles de niños no pueden asistir a escuelas que se caen a pedazos, que la tecnología necesaria para que utilicen las computadoras del gobierno (usadas también como carta publicitaria) resulta inexistente en esas mismas escuelas.

Mientras la “familia real presidencial” celebra sus fastuosas navidades, miles de familias (estas sí, reales, es decir, verdaderas) siguen buscando a sus detenidos sin información de sus paraderos, otras miles de familias siguen buscando a mujeres desaparecidas y presumiblemente víctimas de otra pandemia que recorre el país, el feminicidio, para lo que no hay cerco militar que valga.

Como las encuestas le dicen que la mano dura, al estilo de los más radicales y extremistas republicanos estadounidenses como los Rudolf Giuliani, su jefe de policía William Brattons y compañía (NY, 1995), le da buenos dividendos publicitarios de cara a sus proyectos delictivos de reelección inconstitucional, se burla abiertamente de las acusaciones (comprobadas) de violaciones a los derechos humanos, la tortura, el asesinato de detenidos a manos de las autoridades, entre muchas otras denuncias esgrimidas desde organismos nacionales, gobiernos extranjeros e instituciones como la ONU.

Y para asegurar que el opio de la propaganda siga haciendo efecto, al cerco militar impuesto a la ciudad de Soyapango -mayor concentración urbana del país- decide sumar, la vispera de Nochebuena, otro cerco con otros mil efectivos militares en la populosa comunidad Tutunichapa en San Salvador, y la misma noche del 24 de diciembre cercar militarmente otra comunidad capitalina, La Granjita, en San Antonio Abad, con un millar de efectivos.

Mientras tanto, había más cosas para hacer olvidar, como los miles de empleados públicos despedidos bajo la excusa neoliberal de “quitar la grasa del Estado” cuando en realidad se trata de la evidente incapacidad gubernamental para seguir pagando salarios a causa del enorme endeudamiento público generado en poco más de tres años. A esto se suman la insatisfacción generada en las numerosas alcaldías que no pagaron los salarios, aguinaldos o bonos de fin de año, incluido el importante municipio de Soyapango, como ya dijimos, cercado militarmente.

Para finalizar el año, el régimen acaba de disolver el organismo encargado de administrar los beneficios para miles de lisiados y discapacitados a causa de la guerra, FOPROLYD, institución creada a partir de los acuerdos de paz, y que con su desaparición deja en total vulnerabilidad a miles de hombres y mujeres lisiadas de guerra de la fuerza armada y del FMLN y en la calle a centenares de empleados. Otro paso más en la declarada intención oficial de desmontar cada aspecto de los acuerdos de paz de 1992.

Esa es la Navidad feliz que tendrá la enorme mayoría de familias salvadoreñas, criminalizadas, explotadas, hambreadas, despojadas de beneficios de los que gozaron previamente;  hoy esas familias podrán disfrutar de una postal idílica que muestra una familia burguesa que desde la mansión presidencial se regocija mostrando su fortuna y una felicidad prefabricada, pretendiendo que el resto de la población “disfrute” con esos lujos ajenos, y olvide así su hambre histórica de justicia, de equidad, pero también del hambre de pan y trabajo de cada día.

No serán sin duda unas felices fiestas para miles y miles de familias, entre las que debemos incluir las que tienen presos políticos y exiliados perseguidos por el régimen.

En estas circunstancias difícilmente serán fiestas felices, pero queda la esperanza de que hayan sido unas navidades que despierten conciencia desde el hambre y la indignación, que renueven la determinación de que, poco a poco, se pueda por fin organizar a las fuerzas del pueblo capaces de echar por tierra la farsa, la mentira, la explotación y el odio generado por este régimen nefasto que, por más seguro e invulnerable que se sienta, caerá sin duda, como han caído siempre todos los dictadores que han pretendido pisotear las esperanzas de los pueblos.

Que así sea, y que la lucha y la conciencia persista y prevalezca. Felices Fiestas a nuestros lectores.

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