Cuando se muestran hacia afuera cualidades y virtudes de las cuales se carece hacia adentro, la sabiduría popular recurre a un dicho: “candil de la calle, oscuridad de la casa”.
El Salvador y su oprobioso régimen autoritario de represión selectiva, corrupción, ocultamiento de información y manipulación mediática masiva y permanente, constituye un ejemplo elocuente del sentido de aquel dicho popular.
Asentado en la fuerza brutal de su aparato represivo, atacando y persiguiendo a cuanta figura pública haya pretendido cuestionar métodos y objetivos, se ha constituido en una de las formas de gobierno ejemplares para las derechas extremistas del continente, que aspiran a implementarlo en sus países con niveles equivalentes de autoritarismo y arbitrariedad.
El régimen salvadoreño es “candil de la calle” al publicitar una democracia inexistente, que invita a emular a otros de similar corte ideológico, y “oscuridad en su casa”, donde el Estado de Derecho es hoy una lejana reminiscencia del pasado.
Mantener al pueblo, a las mayorías, en especial a las clases medias de su lado, es esencial para seguir sosteniéndose en el poder. El imaginario de “país de primer mundo” al que hace referencia permanente el autócrata de CAPRES, tiene directa relación con ese objetivo.
En política, como en economía -donde habla de milagros económicos mientras crece la pobreza-, la dictadura salvadoreña no es más que apariencia, mercadotecnia y publicidad, con un solo objetivo: permanecer en el poder, concentrando riquezas en manos de una élite parasitaria y entreguista de recursos nacionales a intereses extranjeros.
La oscuridad económica
La proyección de crecimiento económico para El Salvador en 2026 sería del 3.2%, según lo señaló el Banco Mundial el pasado mes de abril. El bukelato pretendió vender como éxito algo que no era más que un rezagado crecimiento regional para beneficio de pocos.
El país continúa mostrando un desempeño inferior al resto de países de Centroamérica. El leve aumento (de 3.0% a 3.2% estimado) solo beneficia a quienes explotan negocios en construcción (con un crecimiento del 24% en 2025) y en turismo. Los datos y opiniones de economistas advierten que la proyección no implica mejoría en la calidad de vida de la población.
Por supuesto, hay sectores clave que están prosperando al amparo de la corrupción y la concentración extrema de poder. Entre ellos destacan los relacionados a la importación de bienes, incluyendo alimentos que, si no fuera por el abandono del campo por el oficialismo, podrían producirse localmente.
La especulación financiera, con los bancos mostrando un crecimiento cercano al 90% en los últimos seis años, sigue floreciente. Por otra parte, las aseguradoras de fondos de pensiones presentan crecimientos superlativos gracias a leyes y comisiones que les favorecen enormemente; mientras tanto, la bomba de tiempo de las pensiones sigue acercándose a 2027, cuando el Gobierno deberá pagar entre 1.000 y 1.200 millones de dólares que no pagó en cuatro años.
Lejos del supuesto milagro económico del cual no se cansa de hablar el gobierno, la realidad muestra que la economía salvadoreña enfrenta riesgos estructurales. El sector salud y la administración pública decrecieron (-3,3% y -4,9%) respectivamente, en parte por ajustes fiscales pactados con el FMI.
El costo de vida, la inflación y el endeudamiento —en especial el uso de tarjetas de crédito— inciden de forma directa en la economía familiar. Según datos del Banco Central de Reserva (BCR), la mayoría de hogares no alcanza ni a la segunda semana con el salario actual. Para sobrellevar el resto del mes, esas familias recurren a préstamos informales o al crédito a través de las tarjetas.
En términos económicos, la estructura bajo la cual sobrevive El Salvador tiene como base las remesas familiares, provenientes en gran parte de Estados Unidos, por lo que están estrechamente ligados al contexto de aquella nación. Según datos del BCR, en 2025 El Salvador recibió U$S 9,988 millones en remesas, un incremento de casi 18% respecto a los U$S 8,480 millones registrados en 2024. Esto se explica, como sucediera en muchos otros países, por el peligro de deportación percibido por inmigrantes trabajando en EEUU.
Debido a ese peso dentro de la economía nacional, gran parte de las variaciones en el crecimiento económico están sujetas al desempeño de la economía estadounidense. Por ejemplo, el endurecimiento de las políticas migratorias del Gobierno de Donald Trump amenaza directamente el flujo de divisas que sostiene cerca del 25% del PIB salvadoreño, revirtiendo lo sucedido en 2025.
Nada de esto pasa por el control del gobierno salvadoreño, que limita su accionar a la concentración de riqueza a costa del Estado, mientras la injustica social se profundiza y se expanden los sectores excluidos.
¿Utopías o viejos debates?
En medio de esta crisis, se abre un nuevo periodo electoral en El Salvador, que culminará en febrero de 2027 con elecciones generales.
Es por demás conocido que el régimen dictatorial condiciona y vicia todo el proceso a través de su control absoluto de los instrumentos del Estado, así como de la narrativa, la propaganda, el espacio y la conversación dominante, mediante el establecimiento de la agenda pública, los tiempos y, por supuesto, el manejo de los recursos financieros y de todo tipo que pueda considerarse necesario en un proceso electoral.
En esas condiciones, podría parecer una utopía presentar una candidatura presidencial desde una tribuna política que nuclee al partido FMLN, a la sociedad civil, a gremios y sindicatos, a organizaciones promotoras de la salud, de la educación, de la defensa de la soberanía nacional y popular, en fin, de los derechos de todas y todos.
Podría parecer una utopía, y de hecho lo parece a quienes no dudaron un minuto en pretender oscurecer un esfuerzo ciudadano extraordinario, difundiendo panfletos y pronunciamientos, con muchísimas más palabras críticas que firmas avalándolos, por el solo hecho de no haber llegado aún a comprender la necesidad de la unidad de todas y todos contra el fascismo que se ha instalado en las estructuras del poder.
El problema no es la participación en las elecciones. El tema central es para qué participar y cuales son las opciones que se presentan como alternativas. El Salvador parece, en muchos sentidos, retomar viejos debates que, por cierto, precedieron al conflicto armado que se desató a lo largo de los años 80 del siglo pasado, pero que se gestó en décadas de creciente frustración popular ante la sistemática violación de sus derechos políticos y ciudadanos, a la que se sumó el incremento constante de la violencia política represiva contra toda forma de expresión popular de lucha y resistencia.
Esos debates parecieron superados cuando, gracias a la permanente participación en diversos procesos electorales, se fueron acumulando fuerzas en el campo popular, que constituyeron saltos en la conciencia mayoritaria del pueblo acerca del agotamiento de determinadas formas de lucha.
Hoy, el FMLN dio paso a la materialización de decisiones adoptadas en convenciones nacionales previas, que apostaron a la apertura del partido a candidaturas ciudadanas como parte de una estrategia de expansión política unitaria, de crecimiento en amplios sectores del pueblo, no solo en el territorio salvadoreño sino entre la multitudinaria comunidad residente en el exterior.
Este fin de semana, el Doctor Rafael Aguirre, médico, dirigente gremial y sindical, represaliado por la dictadura por denunciar innumerables abusos y la falta de medicamentos en el Seguro Social, llegó a título personal -pero respaldado por una amplia mayoría de sectores ciudadanos que lo avalan y a los que pertenece desde su actividad reivindicativa en defensa del derecho a la salud y a una atención médica digna y de calidad-, a presentar su postulación a la presidencia de la República, decisión final que quedará en manos de las bases partidarias efemelenistas.
Un discurso serio y un accionar coherente, que busca convencer y aglutinar fuerzas, respetando diferencias, pero buscando siempre la unidad en favor del bienestar del pueblo, es lo que ha caracterizado al Dr. Aguirre. En ese sentido, fue coherente también en su discurso de inscripción como pre-candidato, a las puertas de la sede central del FMLN, en San Salvador. Sin falsas promesas, sin llamados vacíos, limitó su posicionamiento a convocar a la acción, al respeto y a la unidad, agradeció al FMLN su apertura, mientras subrayó su carácter independiente.
Es la peor y la mejor noticia para la dictadura. La peor porque queda vacío y sin contenido su discurso de odio acerca de supuestas fuerzas sectarias, que viven de espaldas al pueblo y a las que nadie hace caso. Hoy las fuerzas sindicales, sociales y políticas que se acercaron al FMLN a través de esta nominación, desnudan las mentiras del discurso dictatorial.
No teme la dictadura una derrota electoral en el Ejecutivo, ni es eso lo que representa la alianza político partidaria-ciudadana que le disputará espacios en todo el territorio nacional. Es, en cambio, la posibilidad de llegar a cada rincón del país, a cada cantón, barrio, caserío, a cada casa y a cada corazón que las habita, con un mensaje que permita superar la debilidad organizativa, recuperando la combatividad del pueblo, lo que en realidad teme la dictadura.
Es la posibilidad real de ver a sus opositores acumular fuerzas en la lucha frente al neofascismo dominante en El Salvador lo que preocupa a quien usurpa el poder del Estado. Porque, aunque niega en sus discursos las luchas de este pueblo, las conoce, las tiene presentes y lo intranquilizan.
La buena noticia para la dictadura es que aún persisten, como en otras épocas, grupos sectarios que siguen sin aceptar el hecho que sólo con la masividad popular, con la unidad de todas las fuerzas de este campo, superando diferencias, apartándose de mezquinas aspiraciones vanguardistas, será posible organizar y acumular fuerzas para la lucha.
No solo parece haber miopía y sectarismo en las posiciones negativas expresadas contrareloj, una vez que resultaron infructuosos los caminos para descarrilar el esfuerzo unitario de conformar uno de los tantos frentes de lucha necesarios para acabar con la dictadura. Parece también haber cinismo, en tanto más de alguno que despotricaba contra la candidatura presidencial por -supuestamente- “legitimar” a la dictadura, no cejaba en su intento de competir en otras áreas, ya sea en lo legislativo o en la carrera municipal.
Nadie dijo que solo una forma de lucha es válida. Lejos de ello, cada vez queda más clara la imprescindible diversidad en los métodos y estilos de lucha antifascista, en las condiciones concretas de este segundo cuarto del siglo XXI. No será únicamente la lucha electoral la que depondrá a un dictador dispuesto a todo por sostenerse en el poder.
Solo la orfandad, el vacío de pueblo, convierte a las dictaduras más salvajes en estructuras con cimientos de papel. Este proceso que el pueblo salvadoreño inicia, apunta justamente, a vaciar de sustento a esa oprobiosa tiranía.
Aquella buena noticia para el gobierno, puede, sin embargo, convertirse en mala. Solo es necesario perseverar en el intento permanente de convencer a quienes desconfían, desde el campo popular, del acierto en la conformación de este amplio movimiento ciudadano, al que siempre serán bienvenidos. Lograrlo será, sin duda, la peor noticia para la dictadura.
Todo esfuerzo en el debate es positivo en el desarrollo de una sociedad, siempre y cuando este basado en análisis subgetivos de la realidad nacional. Y demuestren el la practica que los aspirantes no sean motivados por intereses puramente personales. El pueblo apresia la honestidad y conciencia de lucha! Suerte!!