Reformas inconstitucionales y resistencia popular

Esta semana el régimen neofascista salvadoreño dio pasos importantes hacia su consolidación institucional. Lo hizo a través de una serie de reformas ilegales a la ya maltrecha constitución, violada y pisoteada a placer cada vez que le viene en gana al clan familiar, que se ha apoderado de cada institución relevante que pudiera cuestionar su legalidad (sistema de justicia), o amenazar su continuidad (aparato de control electoral).

Ante estas maniobras, que pretenden otorgar carta de legalidad a la usurpación permanente del Estado, por medio de elecciones claramente amañadas en favor de la continuidad del bukelato, el pueblo llano, el pueblo trabajador, el que no se ve representado ni en una Asamblea de títeres legislativos ni en un Tribunal Electoral cooptado por el Ejecutivo, salió este 1 de Mayo, Día Internacional de la Clase Trabajadora, a unirse a las luchas de todos los pueblos del mundo en defensa de sus derechos.

En El Salvador, la capital de la República fue el punto de convergencia de miles de personas exigiendo una diversidad de derechos que, en su amplitud, demuestran el nivel del retroceso político, económico y social que la dictadura ha impuesto a un pueblo que, sin embargo, no abandona sus banderas de lucha, sus exigencias históricas, su sed de justicia, su tradición de lucha en las calles, cada vez que el resto de espacios los van cerrando oligarcas y burgueses vendepatria, al servicio de sus intereses y de los del imperio al que se entregan.

Reformas inconstitucionales y cortinas de humo

El miércoles pasado, en otro ejercicio legislativo de “reformas constitucionales express” y con “dispensa de trámite”, es decir, sin discusión o argumentación de ningún tipo, otra que la orden expedita del usurpador de CAPRES, se resolvieron temas centrales para asegurar el control y resultado de las próximas elecciones generales, convocadas para 2027.

Para hacerlo, volvieron a violar los principios establecidos por la misma constitución para su reforma, que establece un proceso que abarca dos legislaturas. Estas disposiciones estaban previstas por el constituyente para evitar, justamente, que un grupo de bandidos y delincuentes puedan hacerse cargo del Estado, y tomarse los poderes públicos alegando inexistentes respaldos constitucionales. Ese es el escenario que vive El Salvador desde que se consumó la usurpación del poder por un clan familiar.

En un primer ejercicio de distracción, pletórica de retórica populista acerca de la “justicia” y la “participación democrática”, los títeres legislativos crearon arbitrariamente una nueva circunscripción electoral, algo equivalente a lo que los colonialistas franceses llaman “los territorios de ultramar”. Pero esta vez no se trata de concepciones coloniales o neocoloniales; ni siquiera se trata de representación de la población salvadoreña que habita fuera del territorio nacional. Al no variar el número de diputados a elegir, los escaños que representan los 14 departamentos del territorio nacional se ven afectados al dividirse no ya por 14 sino por 15.

Quienes se especializan en cálculos electorales, advierten que esta nueva realidad podría afectar la representación de varios departamentos, como Morazán, Cabañas o San Vicente.

Se trata, en realidad, de una maniobra para asegurar mediante el acceso directo -con escasos y débiles controles- a una nueva fuente de sufragios que contribuirían a asegurar el dominio hegemónico parlamentario del partido oficial. En todo caso, esta nueva improvisación injerencista en el establecimiento de las normas electorales, demuestra la preocupación del oficialismo ante la pérdida de apoyo hacia sus diputados en el territorio nacional.

Como no puede darse el lujo de arriesgarse a perder la super mayoría parlamentaria, que le permite hacer y deshacer a su antojo la institucionalidad, busca entonces en la menos informada y más fácilmente manipulable población salvadoreña en el exterior, los votos que calcula perderán en territorio salvadoreño.

Sin embargo, esta primera maniobra legislativa solo representó la herramienta de distracción para dar el golpe de gracia a todo el sistema, que a partir de ahora no cuenta con credibilidad alguna ni garantias de ningun tipo, en la medida que será controlada en todos sus aspectos por el oficialismo.

Nuevamente, mansillando conceptos como “democracia” y “transparencia” el régimen neofascista se aseguró tener el control absoluto de Tribunal Supremo Electoral. Lo hizo mediante reformas express, eliminando la capacidad de los partidos políticos de designar representantes ante el órgano electoral. Con la excusa de dotar al TSE de “independencia” de los partidos, se atribuye al órgano legislativo la decisión de nombrar al árbitro electoral.

Lo que en teoría podría ser saludado por algunos, que suelen arroparse en la bandera de la “independencia de los partidos”, como algo positivo, se revela claramente como una maniobra que asegura en los hechos el control por el oficialismo de todo el proceso electoral. Ajenas a cualquier posible independencia, las elecciones en El Salvador a partir de ahora, se regirán a conveniencia del partido oficial. Pretenden consumar el unipartidismo neofascista.

La lucha se traslada a las calles

En el campo popular, las acciones del régimen a lo largo de los años han ido limitando sustancialmente las posibillidades de participación popular en la toma de decisiones que afecten la vida de la sociedad. Al mismo tiempo, el avance de las políticas neoliberales y de brutal concentración de capital en manos del grupo parasitario y especulador en el gobierno, se refleja en un permanente deterioro de las condiciones materiales de vida de las amplias mayorías populares.

Reflejo de esta realidad es el aumento de la pobreza extrema y relativa. Aunque entre 2019 y 2024, la población total del país se redujo en 353,895 personas, la pobreza extrema, que se manifiesta en carencia de alimentos e incapacidad para poder adquirirlos, pasó de 87.372 hogares en 2019, a 182,249 en 2024, lo que representa una variación de 98,477 nuevos hogares en situación de extrema precariedad. En términos porcentuales, el crecimento de la pobreza extrema fue de 4.6%. Por otra parte, la pobreza extrema rural, una zona completamente abandonada por el gobierno, se duplicó, alcanzando el 10.1%.

En 2025, la crisis laboral se reflejó en 4.72% de desempleo (147,730 personas) y en un subempleo que representa el 39% de la población laboralmente activa. En el sector público los datos desde 2025 muestran alarmantes olas de despidos (22,368 en total). En Salud se han suprimido 7,772 plazas. El sector rural sufrió un 16% de pérdida de empleos en seis años.

Mientras tanto, el Estado adeuda 11,241 millones de dólares a los fondos de pensiones de los trabajadores, que puede agotar la garantía solidaria hacia 2027. Finalmente, la Inversión Extranjera Directa (IED) alcanzó los 478.8 millones de dólares, la más baja desde 2022, representando una caída del 37.1%. Es de reiterar que el país sigue siendo el que registra la menor IED de la región centroamericana.

Si a eso sumamos la represión permanente, los presos políticos, las miles de personas inocentes sin juicio o condena, en virtud del régimen de excepción, las muertes de prisioneros a manos del Estado que ya superan las 517 personas, muchas de ellas con signos de violencia y tortura, el exilio forzado de opositores, defensores de derechos humanos, y periodistas de medios que el oficialismo no controlaba, encontramos un panorama opresivo para todo tipo de expresión.

Pero la lucha de los pueblos, como el agua, jamás deja de buscar su cauce, su curso, su rumbo. Hoy, ante elecciones amañadas, represión laboral, persecución política y social, y en el contexto de una dictadura en todas sus formas, el pueblo salvadoreño volvió a elegir la calles como su terreno de disputa.

Desde tempranas horas del 1M se desplegaron retenes policiales para obstaculizar e impedir la movilización y acceso a la capital de las columnas de trabajadoras y trabajadores que se desplazaban desde todos los rincones del país. En todos los casos, la multitud, desafiando las medidas represivas, siguió su camino hacia el punto de encuentro en San Salvador.

Ni uno solo de los retenes montados fue capaz de impedir que de todos los  departamentos del país la gente llegara con sus banderas, sus consignas, su bronca, y su esperanza. Esperanza en la propia lucha y en la de sus hermanas y hermanos.

En todo caso, las contenciones policiales en las carreteras no fueron las únicas herramientas utilizadas por el régimen.

Durante las semanas previas, desde diferentes voceros de la derecha, y desde sectores populares, que desgraciadamente prefieren todavía escuchar y seguir consejos de sus enemigos de clase, se montó una campaña mediática, de la cual no fue ajena el propio gobierno, argumentando que a la marcha de los trabajadores no debían asistir partidos políticos. Incluso, como en años anteriores, pretendieron hacer que la asistencia a la  marcha vistiera de blanco, como una forma de negar la participación y la diversidad pero sobre todo, adjudicándose en los hechos una “propiedad” que no le corresponde a nadie sino a la clase trabajadora en su conjunto.

Afortunadamente, cada vez son menos los que prestan atención a estas expresiones y esto se vio reflejado en dos multitudinarias manifestaciones, que poblaron el centro de la capital salvadoreña. En la marcha principal, convocada por las centrales y dirigencias sindicales nacionales, incluyendo el sector público, se agolparon en el monumento El Salvador del Mundo para avanzar hacia el centro de la capital. A esta marcha se sumó una gruesa columna de militantes del partido FMLN, con su dirigencia a la cabeza que, como cada año, acompaña la marcha de los trabajadores sin pretender, en ningún caso, quitar protagonismo a la verdadera protagonista de la jornada, la clase trabajadora.  

En otra marcha, también numerosa y conformada por diversos sectores trabajadores, a la que se sumaron partidos de derecha como Vamos, y otros sectores de la llamada “sociedad civil”, se incorporaron también agrupaciones de izquierda y algunas del sector público.

En ambos contingentes el pueblo expresó su repudio a la existencia de presos políticos, la represión, el hambre, la falta de libertades y contra la dictadura. Consignas similares, multitudes en dos marchas, y un enemigo claramente identificado, el imperialismo norteamericano y sus sirvientes locales vestidos de neofascistas modernos. 

La realidad va poco a poco unificando las luchas populares. Solo faltará que oídos atentos puedan trabajar activamente por la unidad de acción del campo popular. Si lo logramos, la dictadura sabrá, con toda seguridad, que su fin se acerca a pasos acelerados.

Las lecciones de este 1 de Mayo, las maniobras previas del gobierno y las consignas unitarias de la clase trabajadora, nos muestran el deterioro creciente del poder dictatorial y la necesidad del reforzamiento de todas las formas de lucha popular, desde las calles hasta las urnas, hasta dar por tierra con la dictadura neofascista, que entrega el país a los capitales extranjeros y al lucro de su pequeño grupo parasitario, a expensas del Estado y de las riquezas del pueblo.

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