El colapso del orden mundial y la paradoja de los acuerdos de paz

El 16 de enero se cumplen 34 años de los Acuerdos de Paz, firmados en 1992 en el Castillo de Chapultepec, de Ciudad de México, que pusieron fin a un largo conflicto armado entre el gobierno de El Salvador, financiado por los EEUU, y el ejército guerrillero del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, FMLN.

Aquellos acuerdos abrieron para El Salvador la posibilidad de construir un modelo democrático de convivencia, con amplia participación de sectores populares, históricamente excluidos.

Fue bajo el ausipicio de Naciones Unidas, y gracias al impulso de su Secretario General, Javier Pérez de Cuellar, que fue posible llegar a ese desenlace de enorme trascendencia para un mundo que descubría una vía poco explorada para la solución negociada de conflictos armados internos.

Es paradójico recordar aquellos sucesos, que generaron una ola de optimismo en un mundo muy influenciado aún por el colapso del esquema socialista soviético, y por aquella idea de un universo capitalista sin alternativas, sintetizado en aquella falacia del Fin de La Historia.

Resulta paradójico, porque mientras uno de los protagonistas de aquellos acuerdos, el partido FMLN, celebra y conmemora esos logros desde la oposición, el Estado salvadoreño, hoy en manos de corrientes neofascistas en boga en el continente, se esfuerza en negar todo recuerdo, como si reconociese en aquel momento de la historia, uno de sus puntos débiles.

Y así es, porque reconocerlos sería para ellos también aceptar su papel regresivo en el desarrollo del país, en la violación sistemática de acuerdos que constituyen normas constitucionales. Pretenden olvidar que llegaron al gobierno gracias al proceso abierto entonces y, sobre todo, que los acuerdos fueron resultado de la lucha sacrificada y resuelta de un heroico pueblo, decidido a liberarse a cualquier precio de una dictadura  despreciable.

Para la dictadura, recordar los acuerdos es recordar lo que detesta: la capacidad de lucha de un pueblo con una memoria histórica que la dictadura se empeña en borrar.

Aquel 1992 fue también para Naciones Unidas uno de sus momentos más brillantes. Con un seguimiento ejemplar de los acuerdos, su capacidad de gestión facilitó a las partes el cumplimiento de compromisos, y a la comunidad internacional contribuir en el avance del proceso, que sirvió de modelo para otras experiencias, sobre todo en América Latina y África.

Resulta paradójico recordar ese momento ante la constatación, a 34 años de aquellos hechos, del colapso final de todo el sistema de Naciones Unidas y el multilateralismo que éste representaba. Hoy fracasa la ONU como en sus días fracasó la Sociedad de Naciones, organismo internacional creado tras la Primera Guerra Mundial, para promover la paz, la cooperación y la seguridad colectiva entre países. Al no poder evitar la Segunda Guerra Mundial, el antecesor directo de la ONU se disolvió en 1946.

Hoy el mundo presencia el colapso del sistema multilateral. No cae de golpe, empezó a caer ante la evidente incapacidad de frenar los abusos y genocidios ocurridos en diversas partes del mundo, el más reciente y brutal, cometido por el sionismo contra el pueblo palestino, con la complicidad de EEUU y la Unión Europea.

Pero también fracasó ante agresiones como la sufrida por la embajada de México en Ecuador y el secuestro del ex vicepresidente Jorge Glas, entre muchos otros casos relevantes en el Sur Global.

El sistema fue y sigue siendo incapaz de frenar a personajes como Donald Trump, pero también a otros, como a quien lidera el sistema violador serial de derechos humanos, sociales, sindicales, ciudadanos y políticos en El Salvador; pocos ejemplos como la situación de los secuestros de venezolanos en el CECOT, que hubo de resolverse por el ejercicio de diplomacia directa del gobierno chavista, a pesar de las reiteradas denuncias ante organismos internacionales.

El golpe definitivo al multilateralismo lo ejecutó su mayor financista, los EEUU, una vez definido el giro fascista de su gobierno, con la agresión militar contra la República Bolivariana de Venezuela y el secuestro de su presidente y la primera dama. Estos hechos fueron precedidos por innumerables violaciones a los derechos del mar, el secuestro de buques petroleros y el aniquilamiento de pequeñas naves civiles en el Caribe, con el exterminio de sus tripulaciones.

Ante el colapso del viejo orden no queda a la humanidad más que la búsqueda de nuevas formas de relacionamiento. Un nuevo orden habrá de surgir y no será a voluntad de un imperio estadounidense que usa la fuerza como único recurso, pero que con sus actos reconoce que su tiempo bajo el sol, su dominio del mundo, se acerca a su fin. “Volver a hacer EEUU grande de nuevo” es la confesión de partes de lo que fue y ya no es. La misma lógica se manifiesta tanto al interior de los EEUU como en su relación con el mundo exterior.

Regresar al retrógrado monroísmo, pretendiendo que las naciones seguirán aceptando la voluntad neocolonial del imperio, no es más que un sueño imposible. Pero necesitan hacérselo creer a los financistas del régimen que se apoderó de la administración del Estado, necesitan convencer a la oligarquía para la que gobiernan. Pretenden hacer creer al mundo que una victoria táctica, basada en una agresión cobarde, representa algún tipo de victoria estratégica. Olvidan la historia, olvidan Vietnam, Irak, Afganistán, Somalia. Olvidan, finalmente, a los pueblos. Venezuela, y Nuestra América no son ni serán una excepción. 

Victoria táctica, derrota estratégica

«Cuando el enemigo te lleva a luchar contra él con las armas que él ha elegido, a utilizar el lenguaje que él ha inventado, a buscar soluciones entre las reglas que él ha impuesto, ya has perdido todas las batallas, incluida la que podrías haber ganado». Sun Tzu, El arte de la guerra.

La máxima del maestro de la guerra nos recuerda la atención que debemos prestar a no caer en los discursos, las narrativas ni la lógica del enemigo para hacer nuestros análisis. Conocer el pensamiento y lógica del adversario es, por supuesto, necesario, pero caer en sus trampas y ver triunfos donde en realidad no los hay, es asegurar nuestro camino a la derrota. Compartimos algunas reflexiones acerca de las expectativas no cumplidas por el imperio en su grosera agresión a un pueblo hermano; son muchas más que las resumidas, las limitamos por cuestión de espacio:

  1. El 3 de enero de 2026 constituye el Playa Girón de Venezuela. La agresión abría dos caminos posibles: el de la radicalización y profundización del proceso revolucionario comunitario y bolivariano, o el camino de la colonización a través de la imposición de condiciones del imperio. Lo último resulta irrealizable sin contar con respaldo popular, y las jornadas posteriores a la agresión demostraron que las masas populares, el pueblo chavista, se encuentra masivamente en lucha y resistencia, favoreciéndose así las condiciones para la radicalización del proceso revolucionario.
  2. No existe ni existió en ningún momento el sentimiento de derrota buscado por el agresor. Lo que prevaleció, en todo caso, fue la indignación y reafirmación de sentimientos revolucionarios del chavismo.
  3. Los agresores esperaban una “explosión de sectores opositores celebrando” pero también generando violencia, para crear condiciones que justificaran la narrativa de un cambio de régimen en el terreno. Eso no sucedió, dejando claro la debilidad de las fuerzas reaccionarias al interior del país.
  4. Ocurrió lo contrario. Fueron masas mayoritariamente chavistas, a las que se sumaron componentes no afectos a la revolución, aunque con sentimientos de dignidad nacional, patriotismo y rechazo a la agresión, que se volcaron a las calles a condenar el ataque y reclamar la libertad del presidente y la primera dama.
  5. No haber logrado levantamientos “espontáneos” en Caracas y otros puntos de Venezuela fracturó un punto esencial de la estrategia. Necesitaban disturbios, caotización, incluso enfrentamientos fratricidas, para preparar la “irakización / libianización” del país, otorgándole carácter de ingobernabilidad y de Estado fallido, para justificar una posible intervención de mayor escala.
  6. Pero la paz fue la que primó. En esas condiciones, resulta totalmente descartable cualquier intervención en tierra, porque el ejército de EEUU sabe el costo que eso significaría al comenzar un conflicto de largo plazo, en condiciones muchas veces de lucha irregular, y con desventaja ante tropas locales bien preparadas y un pueblo armado y en resistencia. No es ese el escenario planteado por Washington en ningún caso, porque además el peligro de extensión del conflicto a toda la región se multiplicaría, y la posibilidad del saqueo petrolero se dificulta.
  7. Más allá de reductos de migrantes venezolanos en algunos puntos de Sudamérica y Europa y en los propios EEUU, que celebraron la agresión yanqui y el secuestro -que las corporaciones mediáticas multinacionales pretendieron utilizar como justificación y legitimación de las acciones ilegales norteamericanas-, lo cierto es que esos mismos medios no pudieron ocultar las innumerables y crecientemente masivas expresiones de protesta en todo el mundo, repudiando las acciones de EEUU. Esas imágenes dieron la vuelta al mundo y se sumaron a los numerosos comunicados y posicionamientos oficiales de condena de gobiernos de todo signo político, incluyendo algunos de extrema derecha, como el Italiano.
  8. Prácticamente toda Europa, las organizaciones de integración africana, países asiáticos, grandes potencias, como Rusia o China, los integrantes de BRICS, y la mayoría de países de América Latina mostraron el rechazo y la condena a los hechos. No todos pidieron la libertad del presidente Maduro ni calificaron su secuestro como tal, sin embargo, subrayaron la ilegalidad de los hechos.
  9. En América muy pocos países se mostraron alineados con EEUU: Paraguay, Ecuador, Argentina, El Salvador, Panamá, y algunas naciones caribeñas como Trinidad y Tobago, Granada, Aruba, Curazao y Bonaire, que facilitaron apoyo logístico y de bases.
  10. El discurso de Trump y su camarilla, sobre todo de Rubio y Hegseth, de que podrían gobernar Venezuela, no solo es delirante, sino que en pocos días se muestra inviable.  El hecho de poner como referencia a la presidenta encargada y haber descartado totalmente a MCM y su grupo, demuestra la debilidad de la oposición proyanqui en el país y el reconocimiento de la fortaleza del chavismo.
  11. La continuidad institucional, apegada a los lineamientos establecidos en la Constitución y las leyes de la RBV, la toma de posesión de la nueva Asamblea, y el elemento destacado de considerar la ausencia del presidente Maduro como provisional, otorga carácter de resistencia a toda la gestión.
  12. Lejos de los dichos y amenazas de Trump y compañía, Venezuela sigue gobernada por el chavismo, con un alto componente patriótico y de movilización popular, permanencia en las calles, sin interrumpir las actividades productivas. Será muy difícil para el imperio quebrar por hambre a la revolución, como parecía ser la intención de Rubio y compañía.
  13. La figura del presidente Maduro trascendió al plano mítico de la lucha y la resistencia popular a nivel internacional. Si el invasor lo capturó con vida fue por el cálculo ya estimado del daño mayor que hubiese significado convertirlo en presidente mártir (ya tuvieron el ejemplo de Salvador Allende en ese sentido). Pero su captura y, sobre todo, las primeras imágenes difundidas, tanto del presidente como de su compañera, generaron innegables olas de simpatía mundial en amplios sectores sociales. Su figura convertida en ícono internacional es una mala noticia para los imperialistas.
  14. En una América Latina marcada por el reflujo de las fuerzas populares, con las derechas neofascistas avanzando, montadas en procesos electorales, manipulación mediática, división y discursos de odio, la agresión contra Venezuela puede ser un revulsivo simbólico necesario para revitalizar las movilizaciones populares, y con ellas la recuperación de las calles por los pueblos. Incluso en los EEUU, las manifestaciones contrarias a la intervención se suceden, generando un polo de movilización que viene a radicalizar otras luchas; la de la defensa de los migrantes es una de ellas, recordando que, en medio de esta agitación, las fuerzas militarizadas de ICE acaban de asesinar a una ciudadana estadounidense. Su imagen, su nombre, Renee Good, y su vida se transforman en nuevas causas de protesta, que se suman al escenario popular contrario a las políticas de MAGA y los radicales del trumpismo.
  15. En el terreno político estadounidense la intervención militar es una acción ilegal, sin autorización del Congreso. Esto traerá, sin duda, consecuencias legales a la presidencia, que ya advirtió la necesidad de ganar las elecciones de medio término para evitar el impeachment por Cámaras controladas por Demócratas. Los números juegan cada vez más en contra de Trump, incluido el rechazo mayoritario a la intervención militar; lo mismo sucede con la economía, y en lo político, con el escándalo Epstein. Todos elementos a considerar al tratar de explicar una acción como la del 3 de enero.
  16. Queda en manos del pueblo estadounidense sacarse de encima el cáncer fascista del trumpismo, que como todo modelo totalitario ha ido pisoteando garantías y derechos, y se lanza a una guerra contra su propio pueblo.

La cobardía del capital

El reconocido dirigente de izquierda mexicano, Alberto Anaya Gutiérrez, fundador del Partido del Trabajo de México, integrante de la coalición de gobierno y jefe de bancada de Senadores de su partido, suele sentenciar que “el capital es cobarde”. Se refiere a que los grandes capitalistas no arriesgan, apuestan sobre seguro, aunque públicamente hablen de “riesgos controlados”. Ante cualquier incertidumbre o peligro percibido, huyen o se refugian en valores seguros.

Las reacciones de los grandes interesados en la rapiña del petróleo de Venezuela, confirman una vez más las palabras del dirigente mexicano. Se requiere más que una acción militar agresiva y asesina para pretender administrar el país como una colonia. Tampoco las grandes petroleras vieron garantías suficientes en esas acciones para exponer su capital. Si el robo no asegura impunidad, el capital no sentirá suficiente seguridad para aventurarse.

Es en el terreno económico y del despojo, donde se explican con mayor elocuencia las intenciones del imperio, pero también el eventual fracaso que intenta ocultar:

  • Trump no consultó al Congreso, pero en cambio informó con anticipación a sus grandes donantes, las grandes corporaciones petroleras de EEUU, la decisión de invadir Venezuela.  La actitud revela para que sectores de la oligarquía gobierna la actual administración.
  • Al día siguiente de la agresión imperial, los mercados mostraron moderados crecimientos del petróleo, pero en cambio se valorizó el oro en 3% y la plata en 5%, valores de refugio ante situaciones de incertidumbre.
  • Las empresas petroleras que subieron más en bolsa esa jornada fueron Chevron (+5%); también subieron, pero menos, ConocoPhillips, y ExxonMobil. Crecieron las conocidas empresas de servicios petroleros, muy activas durante los días de las rapiñas en Irak, Halliburton, SLB y Baker Hughes; todas registraron subidas superiores a 9%.
  • Los bonos soberanos de Venezuela, subieron un promedio superior al 30% entre el 3 y el 7 de enero. Barclays, había elevado los bonos el mismo día 3 al 30% pero advirtiendo de la inestabilidad que se genera a partir de la incertidumbre jurídica. Esos bonos subieron de 39,92, a 43,62 centavos. Los títulos de PDVSA también crecieron en esos días de 23,41 a 32,56 centavos, con una ganancia acumulada del 39%. Sin embargo, todos los tenedores de bonos incluyendo Barclays, Morgan Stanley, y el banco suizo UBS, advierten que no está claro el panorama futuro. Las financieras no dan por hecho el plan del trumpismo.
  • Tampoco parecen creerlo los supuestos beneficiarios, que siguen mostrando reticencia a invertir. Actualmente Venezuela extrae poco menos de 1 millón de barriles diarios de petróleo (800-900mil B/D), de ellos Chevrón extrae 300mil B/D. La propuesta de Trump es extraer 4 millones de B/D, y pretende convencer a las petroleras que lo hagan. Pero eso significa una inversión de 10 Billones de dólares; el tiempo para empezar a extraer esa cantidad de barriles se estima en al menos 10 años.  Se calcula que, con todas las empresas americanas involucradas en extracción, en unos 18 meses a dos años se podrían extraer entre 1.5   y  2 millones de B/D.
  • Fue la reticencia de las petroleras lo que llevó a Trump a ofrecer formas de reembolso en regalías sobre las inversiones.
  • En realidad, el pragmatismo empresarial revela con mayor claridad la falta de confianza en la viabilidad de los proyectos idílicos de colonizar Venezuela.
  • La última expresión destacada en ese sentido, fueron las declaraciones del CEO de ExxonMobil, Darren Woods, el viernes 9 de enero, advirtiendo a Trump que solo regresarán a Venezuela “si hay cambios significativos” y garantías de seguridad jurídica.

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