A Taty Almeida, in memoriam
Por fin arrancó el mundial de fútbol de México, EEUU y Canadá; el más caro de la historia, el más inasequible para los sectores populares y el más discriminatorio, intolerante y racista de los que tengamos memoria.
Esto aplica particularmente a los EEUU y su deplorable política, impulsada por el grupo nazi-fascista que administra aquel Estado. No es, en este sentido, lo mismo hablar del mundial organizado por México o Canadá, que el montaje represivo establecido por Washington, que sigue implementando la caza al inmigrante, y traslada a su territorio algunos de los frentes de guerra externos que el imperio tiene abiertos, como es el caso de Irán y el trato inadmisible que sufre su selección a manos de los sátrapas de la Casa Blanca y los aparatos de seguridad.
Este mundial tiene otra particularidad, la complicidad directa y criminal de la FIFA, con Gianni Infantino a la cabeza, el mismo que premió con un galardón a la Paz a Donald Trump, responsable junto con el jefe del ente sionista, del genocidio en Gaza. Este personaje justifica hoy descaradamente la actitud hostil de uno de los anfitriones hacia selecciones completas, árbitros o funcionarios deportivos de países con los que la paranoia imperial prefiere no lidiar fronteras adentro.
Ante las deportaciones injustificadas y otro tipo de actitudes salvajes e incalificables, Infantino y su corte de mafiosos que controla uno de los deportes más lucrativos del planeta, se escuda en el supuesto “derecho” nacional de los Estados Unidos para aplicar sus propias políticas migratorias.
Valdría la pena preguntarse si ese “derecho” sería también sumisamente respetado si las medidas las adoptara la Jefa de Gobierno de la 4T mexicana, Claudia Sheinbaum, o el liberal gobierno canadiense de Mark Carney. Sin duda que no.
Pero el nivel de servilismo impuesto por el trumpismo, abarca casi todos los aspectos de la cotidianidad, al menos en aquella zona del mundo donde las armas y el poder imperial los hace suponer invulnerables y, por lo tanto, capaces de todo. Esa realidad no debería impedirnos denunciar hasta la extenuación cada actitud flagrantemente injusta y arbitraria de estos matones con trajes de lujo y abultadas chequeras para pagar a parásitos como los Infantino y compañía.
Otros aspectos que caracterizan a este mundial aplican a los tres anfitriones y, aunque no son tan vulgarmente violatorios de derechos esenciales, no dejan de constituir una vergonzosa realidad. Los precios prohibitivos para las poblaciones locales, hacen de éste un mundial inalcanzable para el pueblo. Los precios de las entradas y la mercadotecnia habitual hacen recordar a Qatar 2022 como una tienda de ofertas al 2X1.
Todo esto gracias al control total del deporte por las cadenas de medios y los patrocinadores de productos deportivos involucrados en la competencia que, además, poco a poco han ido alterando las reglas de juego en función de intereses mercantiles y de imagen, desnaturalizando así un deporte masivamente popular en el planeta.
Hoy el norte de América vivirá una interminable serie de partidos, pero es posible que los habituales espectadores que dan calor y color a las tribunas sean los grandes ausentes. En EEUU, los locales de origen latino, en muchos casos por los problemas de persecución a migrantes, pero en México y Canadá, con muchos menos partidos agendados (solo siete cada uno de los 104 previstos) habrá que ver cuántos podrán afrontar los precios en la fase de grupos, cuartos de final, semis y la final que tendrá precios (sin reventa) de hasta diez mil dólares.
En todo caso, y a pesar de las condiciones que rodean este mundial, no dejará de ser un gran distractor en tiempos turbulentos. Así, eventos de importancia, como la segunda vuelta electoral en Perú, cuyos resultados se están aún contando, la próxima segunda vuelta electoral en Colombia, del 21 de junio, o las duras batallas de calle que el pueblo boliviano está dando día con día, amenazan quedar oscurecidas al albur de una pelota que entre o no en la meta, una falta que haya sido o no cobrada, o un gol anulado o dado como válido.
Todas estas circunstancias, aparentemente secundarias ante hechos que afectan la vida de miles de ciudadanos en distintos países, y el destino de esos pueblos, que está en juego en cada una de las situaciones mencionadas, pasarán durante 39 días, a un segundo plano. Así ha sucedido cada cuatro años, durante la celebración de certámenes similares.
No es culpa del futbol, ni de los aficionados, pero es evidente que un mecanismo de movilización de masas de semejante magnitud lleva a “los malos” a ver oportunidades para ejercer su maldad.
En este caso, las distracciones facilitarían la injerencia, la manipulación, la imposición de gobiernos ilegítimos pero bendecidos por Washington, como parece indicar el caso peruano.
¿Acaso la entidad sionista cesará sus asesinatos masivos de civiles inocentes en Líbano, o detendrá el genocidio en Gaza? Lejos de ello, los fascistas del mundo se preparan para dar nuevos zarpazos. Quienes los financian, también.
No parece casualidad que entre el 15 y el 17 de junio el G7, se reúna lejos de los focos del mundial, casi en la oscuridad y el secreto. Lo que decidan afectará al mundo muchísimo más que la decisión de un árbitro acerca de un fuera de juego, pero será contra ese árbitro que las furias o halagos trascenderán. Así de irónica es la vida.
Perú y Colombia
A casi una semana de la segunda vuelta por la presidencia de Perú, la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) ha procesado el 100% de las actas. Por lo ajustado del resultado, 4.209 votos de ventaja de Keiko Fujimori sobre Roberto Sánchez, la definición dependerá del análisis de 1.551 actas observadas —aquellas que presentan alguna incidencia material—.
Sin duda, el resultado de esos comicios, quien sea que declaren ganador, no cambiará el hecho de que Perú seguirá siendo una fuente permanente de inestabilidad. La diferencia en el resultado entre ambas candidaturas muestra que el fujimorismo sigue contando con un apoyo considerable pero insuficiente, al menos hasta ahora.
Con respecto a la izquierda, removida del gobierno de manera ilegal con la captura del presidente legítimo, el maestro Pedro Castillo, ha permanecido desde entonces sujeta a divisiones y fragmentaciones que hasta el momento han significado una ventaja para los sectores oligárquicos y burgueses urbanos quienes, a partir del control parlamentario, han logrado mantener al frente del Estado a figuras afines, que impidieron el retorno al gobierno de los sectores populares rurales, campesinos e indígenas.
Esta era la primera oportunidad en que, un sector afín a aquellos intereses populares, tenían una posibilidad real de recuperar el gobierno; en este sentido, resulta evidente que las fuerzas de derecha pese a su rechazo bastante amplio al fujimorismo se agruparon para respaldar esa opción.
No podemos olvidar los intereses injerencistas demostrados por Washington a lo largo de los últimos procesos electorales en América Latina, donde su voluntad se impuso a golpe de compras de votos, amenazas, mensajes directos del presidente Trump o lisa y llanamente chantaje imperial. ¿Por qué esperar algo diferente en este caso?
Dicho esto, la clara división del país entre dos fuerzas antagónicas, parece augurar un futuro donde la agudización de la lucha de clases señalará un panorama de conflictos.
Será, por fin, el pueblo peruano movilizado, particularmente en las zonas rurales, el encargado de resolver esta confrontación que hasta entonces no permitirá la estabilidad de un sistema de dominación en crisis, golpeado por la corrupción y las componendas de las clases dirigentes con diversos sectores de la vida política peruana e intereses extranjeros, que actúan con impunidad en el Perú desde hace décadas.
También el fútbol opacará para el resto del mundo, pero sin duda no para los colombianos, la decisiva batalla por la continuidad de un gobierno progresista, en la segunda vuelta en Colombia.
Iván Cepeda es el candidato que, bajo la bandera del Pacto Histórico, obtuvo un decepcionante resultado en primera vuelta, donde la propaganda de su partido había instalado la idea -poco realista, como la vida terminó demostrando- de ganar a la primera.
Hoy, aprendida la lección de no vender la piel del oso antes de haberlo cazado, el intenso ejercicio de movilización inmediata -sobre todo de sectores juveniles- finalizada la primera vuelta, sumado a una activa política de alianzas, pueden ser el punto motivador que permita a la ciudadanía superar la amenaza de la extrema derecha, confiada esta vez en la intervención directa e injerencista de Donald Trump en los asuntos de los colombianos.
Por supuesto, para el resto de regímenes de extrema derecha que proliferan en la región, el mundial puede suponer un distractor que les permita un breve periodo de reorganización o relativa tranquilidad. Pero el fútbol no debería hacernos olvidar el genocidio permanente en Gaza, los ataques contra civiles en el Líbano, las permanentes actitudes belicistas contra Cuba, asfixiada y golpeada, pero decidida a sostener su resistencia numantina, o la resistencia activa emprendida por el pueblo boliviano.
Ninguna celebración de un gol, por más trascendental o espectacular que resulte, debería hacernos olvidar ni por un momento estos hechos. Aficiones llegadas a los países anfitriones del mundial nos lo han demostrado, portando orgullosas las banderas de Palestina en su ruta a los estadios.
La casi secreta reunión del G-7
Finalmente, si hay algo que llama la atención en estos días, es la reunión del 15 al 17 de este mes, en Évian (Francia), de los representantes de las principales potencias imperialistas.
El G7 reúne a Estados Unidos, Francia, Canadá, Alemania, Italia, Japón y Reino Unido, además de la Unión Europea, representada por el presidente del Consejo Europeo, António Costa, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; se trata, en realidad, del consejo de administración político de las multinacionales, los bancos y las industrias armamentísticas.
No parece casual que en un contexto de crisis estructural del capitalismo, el grupo busque mantener sus encuentros en el máximo secretismo posible, no tanto por seguridad, ante las previsibles marchas y manifestaciones de protesta que se generan habitualmente en el sitio que elijan para reunirse, sino para poder avanzar en su decision de expolio y saqueo de recursos naturales del Sur Global, concentración permanente de riqueza a costa de la clase trabajadora, represión de los movimientos sociales, así como la militarización y la aceleración del desastre climático.
Esta vez, Donald Trump llega con un posible acuerdo con Irán bajo el brazo, que puede liberar algunas tensiones, pero que no despejarán todas las incógnitas que se presentan ante conflictos abiertos como el de Ucrania, la relación con China y la incapacidad del atlantismo para frenar su desarrollo. La carrera tecnológica con la IA al centro, será también tema central a tratar.
Nuevamente, el torneo mundial de fútbol parece el distractor ideal para que estas fuerzas avancen en politicas reaccionarias que afectarán negativamente a la inmensa mayoría de la humanidad.