El novelista británico Graham Greene, tituló una de sus numerosas novelas de espionaje “Nuestro Hombre en La Habana”. Sabía de qué hablaba; espía de los servicios secretos británicos, ex comunista en su juventud, católico converso y, según algunos de sus biógrafos, agente doble en aquellos años de la guerra fría.
Aquel título viene a la mente al leer con detenimiento el historial de quien probablemente llegue a San Salvador como nuevo embajador de los Estados Unidos. Una breve reseña pública, puesta a disposición de la prensa, da cuenta de uno de los más oscuros personajes, de la larga lista de muy oscuros personajes, que han pasado por la sede diplomática estadounidense en este país.
No por casualidad el complejo de alta seguridad ubicado en una exclusiva periferia capitalina, como antes lo fue el portentoso bunker de concreto, en pleno centro de la capital salvadoreña, durante los años del conflicto armado, han albergado la estación más relevante de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para América Latina.
El hecho revela la importancia que Washington ha otorgado siempre al enclave salvadoreño, en el epicentro regional de múltiples conflictos en varios países vecinos en distintos momentos de su historia.
“A tiro de piedra” de Ciudad de México y de Washington, pero también con rápido acceso a los países del sur del continente, desde El Salvador se han implementado o se han acompañado diversas acciones injerencistas estadounidenses en la región, entre ellas la agresión contra República Dominicana, en 1965.
En agosto de 2003, El Salvador se convirtió en el único país hispanohablante de América Latina en mantener tropas terrestres operativas en la posguerra de Irak, integrando la «Coalición de la Voluntad«, liderada por Estados Unidos.
También, bajo el pretexto de misiones de paz, la fuerza armada de El Salvador incursionó en África, así como en Haití. Finalmente, es de recordar que El Salvador sirvió como plataforma de apoyo logístico y de reconocimiento para las fuerzas estadounidenses en preparación para la Operación Resolución Absoluta.
La infraestructura militar salvadoreña fue utilizada por EEUU en la campaña de presión e inteligencia previa. Investigaciones satelitales y reportes periodísticos de The New York Times y CNN, confirmaron que desde mediados de octubre 2025, la Fuerza Aérea de EEUU comenzó a operar aeronaves de combate desde la Base de Seguridad Cooperativa de Comalapa, en El Salvador:
- En las pistas salvadoreñas se detectó la presencia de un AC-130J Ghostrider (un avión fuertemente artillado con cañones de 105 mm enfocado en destrucción de objetivos en tierra), un avión de patrulla marítima y reconocimiento P-8A Poseidon, operado por la Armada estadounidense, y un avión de transporte logístico C-40 Clipper.
- La base de Comalapa se utilizaba casi exclusivamente para misiones contra el narcotráfico. Sin embargo, el Comando Sur (SOUTHCOM) expandió su uso para custodiar y vigilar el flanco del Pacífico, ampliando el rango de acción ante la limitada cobertura de las bases del Caribe.
- El Salvador fue catalogado por analistas internacionales como uno de los socios regionales clave que expresaron su apoyo a las operaciones estadounidenses, permitiendo activamente el acceso a sus bases y aeropuertos. Mientras países como Colombia suspendieron el intercambio de inteligencia, la administración Bukele estrechó su alineamiento con Washington.
Un nombramiento estratégico
En las últimas semanas se supo que Mark Joseph Abreu, de origen portorriqueño, sería nombrado próximo embajador de EEUU en El Salvador. La nominación por parte de la administración Trump refleja su estrategia de seguridad nacional, su visión injererencista y la preferencia por perfiles de inteligencia sobre la diplomacia tradicional; privilegia así la confianza política personal y los antecedentes militares.
Refleja la visión extremista del secretario de Estado, Marco Rubio, y su recientemente revelada estrategia de ofensiva general contra toda forma de pensamiento y expresión de izquierda en el hemisferio.
Como empresario y recaudador de campaña, la selección de Abreu prioriza la sintonía directa con la Casa Blanca y con el secretario Rubio, dejando de lado el servicio exterior de carrera.
La presencia de una figura con experiencia en inteligencia apunta a mantener una colaboración pragmática y directa con el gobierno de Bukele, definido por el propio Trump como su aliado más confiable en la región.
«Mark Joseph Abreu es un líder probado con casi tres décadas de servicio ejemplar en seguridad nacional, asuntos internacionales y liderazgo estratégico. Ha forjado alianzas duraderas en América Latina, Europa Occidental, el Norte de África, Asia Oriental y Oriente Medio, integrando a actores de inteligencia, las fuerzas armadas, la aplicación de la ley, la tecnología y el sector privado para hacer avanzar los objetivos estratégicos de Estados Unidos«, señala el reporte del Departamento de Estado, presentado ante el Senado de los EEUU.
El Departamento sostiene que «con una trayectoria multidisciplinaria, liderazgo probado y una amplia experiencia en América Latina, está excepcionalmente bien calificado para desempeñarse como Embajador de Estados Unidos ante la República de El Salvador«.
30 años como agente CIA
En su informe al Comité de Relaciones Internacionales del Senado estadounidense, la oficina que encabeza Marco Rubio se refiere también a la carrera de Abreu en la Agencia Central de Inteligencia, donde se desempeñó como jefe de Estación «en múltiples naciones de América Latina, dirigiendo las operaciones y el personal de la agencia con precisión estratégica. Su liderazgo le valió numerosos Premios al Desempeño Excepcional, Menciones Meritorias de Unidad y honores extranjeros«.
De acuerdo con el mismo reporte, «posee un profundo conocimiento del proceso legislativo, forjado por su servicio como Oficial de Enlace Legislativo de la CIA» y como ‘congressional fellow’ en la Oficina del entonces senador Rubio.
«El historial del Sr. Abreu se distingue además por su servicio militar en la Fuerza Aérea de Estados Unidos, tanto como Agente Especial de la Oficina de Investigaciones Especiales (OSI) como oficial comisionado«, agrega el reporte.
Se afirma también que Abreu da «una perspectiva interagencial excepcionalmente integral, habiendo operado en los poderes Ejecutivo y Legislativo y dentro de los ámbitos de inteligencia, militar, aplicación de la ley, congresional y del sector privado«.
Aunque el Departamento de Estado habla de “múltiples naciones de América Latina”, según fuentes oficiales consultadas, Mark Joseph Abreu aparece listado como personal diplomático en solo dos embajadas de Estados Unidos en América Latina:
1. Embajada de Estados Unidos en Costa Rica. Aparece como Primer Secretario bajo el nombre Mark Joseph Abreu Ojeda en el listado del personal diplomático acreditado ante el Ministerio de Relaciones Exteriores de Costa Rica.
2. Embajada de Estados Unidos en Paraguay (2019). Aparece como Primer Secretario (Mark J. Abreu) en el listado oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores de Paraguay.
En este país fue condecorado en octubre de 2021 con la Orden Nacional del Mérito en grado de Comendador por el presidente Mario Abdo Benítez, por su labor en la gestión de donaciones de vacunas contra el COVID-19 y su atención en temas de seguridad y estabilidad política.
Además, medios paraguayos reportan que posteriormente se desempeñó como consultor principal del embajador Marc Ostfield, en la misma sede diplomática (al menos entre marzo de 2022 y enero de 2025), donde participó en la investigación del avión iraní-venezolano retenido en aquel país, un caso que derivó en acciones judiciales en Estados Unidos y en el decomiso (despojo) definitivo de la aeronave.
Profundizar la dependencia, sobredeterminar iniciativas regionales
La llegada de Abreu profundizará sin duda los niveles de injerencia, dependencia y la apuesta por la fragmentación del espacio Nuestroamericano como condición necesaria para seguir asegurando la dominación yanki sobre la región, sin verse obligado a recurrir en primera instancia a la fuerza militar de intervención directa.
El imperio parece apostar a la experiencia en inteligencia y contrainteligencia, confiando en su “nueva línea antiterrorista”, con la que Abreu estará seguramente familiarizado luego de 30 años de operaciones, tanto abiertas como clandestinas o encubiertas, al servicio de la CIA.
Un nuevo modelo para Centroamérica
A la luz de las directrices de Washington, la apuesta bukelista de desmontar el Parlamento Centroamericano (PARLACEN), y su salida de la Corte Centroamericana de Justicia (CCJ), notificada por San Salvador el pasado 20 de mayo mediante una nota verbal, representa uno de los cambios más relevantes en la arquitectura jurídica de Centroamérica.
La desaparición de hecho de la CCJ, pone en duda el proceso de integración regional y los mecanismos que sustituirían al tribunal en la solución de conflictos entre los países miembros del Sistema de Integración Centroamericana (SICA).
El Salvador propone crear una Unión Centroamericana, como organismo autónomo e independiente de los estados que la integran. Contaría con un parlamento y un tribunal de la Unión. Establecería una nueva ciudadanía centroamericana, garantizando a los nacionales de los estados miembros el libre tránsito, libre comercio de mercancías, libre movilidad laboral y el ejercicio de profesiones en toda la región. Finalmente, se eliminaría el sistema de cuotas iguales para pasar a contribuciones proporcionales al territorio y población de cada estado.
Envuelto en un lenguaje evocador de algunas de las iniciativas que dieron lugar a la conformación de la Unión Europea, el punto central parece radicar en quién tendrá el control de este nuevo aparato. La respuesta obvia parece ser Washington, que fortalecería los lazos de dependencia y la imposición de límites a la expansión regional de potencias como la República Popular China.
Nada se dice de los altos niveles de coordinación regional en inteligencia y otros aspectos de seguridad, puestos al servicio de personajes que ya han dejado clara su visión extremista, excluyente y macartista, y expresado su intención de “borrar de un plumazo” todo lo que huela a izquierda, progresismo y pensamiento popular diverso.
Es en estos términos que parece explicarse la propuesta de un verterano agente CIA al frente de la principal estación de inteligencia imperial en la región, instalada en la fortaleza de Santa Elena. Para EEUU será “nuestro hombre en San Salvador”; para los pueblos de la región, la confirmación del recrudecimiento del redespliegue estratégico imperial acorde con su Doctrina Monroe actualizada.