«A un plan obedece nuestro enemigo: el de enconarnos, dispersarnos, dividirnos, ahogarnos. Por eso obedecemos nosotros a otro plan: enseñarnos en toda nuestra altura, apretarnos, juntarnos, burlarlo […] Plan contra plan. Sin plan de resistencia no se puede vencer un plan de ataque».
José Martí, Periódico Patria, 11 de junio de 1892.
Vientos de furia lanza el imperio sobre Nuestra América. Sus títeres locales obedecen sumisamente al amo, al cual -en su cobardía vendepatria-, creen imbatible.
Las fuerzas desatadas del gran capital transnacional, las oligarquías tecnológicas de Silicon Valley y el complejo militar-industrial conforman la triada sobre la cual un grupo de supremacistas blancos, escudados en el llamado evangelio de la prosperidad y el renovado lema de “América para los (norte)americanos”, despliegan sus planes de agresión neocolonial desde la Patagonia al río Bravo.
Implementan sus proyectos, paso a paso y sin demora, con la complicidad de quienes sirven a sus intereses desde las más alta esferas de decisión estatal.
También en territorio estadounidense se empeñan en aplastar resistencias; ya han reprimido manifestaciones y asesinado a ciudadanos que se oponían a sus salvajes políticas migratorias.
La guerra de posiciones al interior del imperio
La semana pasada el Departamento de Estado jugaba sus cartas para colocar piezas clave en países con particular valor estratégico. Tal el intento de garantizar como embajador en El Salvador a un personaje con 30 años de experiencia en la CIA.
Al mismo tiempo, la reciente puesta en marcha por el Comando Sur de Estados Unidos de la Fuerza de Tareas Conjunta del Hemisferio Occidental (JTF-WHEM), con 18 aliados de la región, en el marco de su Escudo de las Américas, para “contrarrestar las amenazas, fortalecer la seguridad regional y responder rápidamente a las crisis en todo el hemisferio occidental”, señala pasos concretos y determinación para implementar una ofensiva generalizada en la región, suprimiendo cualquier resistencia.
En el caso de Centroamérica, el acuerdo militar incluye a seis de los siete países que conforman la región centroamericana, incluyendo República Dominicana. Solo queda fuera de esa esfera de influencia, la Nicaragua Sandinista, convertida así en objetivo previsible de esta versión renovada del TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca), o Acuerdo de Rio, de 1947.
La iniciativa tiene como objetivo “sincronizar capacidades militares y aplicar una presión sostenida contra las redes que amenazan nuestra seguridad colectiva”, señaló el jefe del Comando Sur, general Francis L. Donovan, en un comunicado donde también se informa que el general de división de Marines, Kevin Jarrard, asumirá la jefatura de la fuerza conjunta desde la sede del Comando en Florida.
Se trata de un verdadero estado mayor contrarrevolucionario del imperio para América Latina y el Caribe, e “integra inteligencia, vigilancia y reconocimiento, planificación operativa y coordinación multinacional […]”.
El Escudo de las Américas ha tenido también consecuencias inter-regionales, países como Ecuador, Argentina, Guatemala o Panamá han anunciado iniciativas con naciones vecinas para compartir modelos de seguridad o experiencias carcelarias como las de El Salvador.
Estos movimientos parecen demostrar la determinación de quienes ejercen el control político desde Washington, en particular Marco Rubio y su grupo, por fortalecer territorios aliados para el despliegue de su estrategia de lucha contra toda expresión de izquierda o antiimperialista. En ese sentido, pocos aliados parecen más confiables para los MAGA y los extremistas de Florida que el clan a cargo de la dictadura salvadoreña.
Sin embargo, esa facción dominante no representa la totalidad de la visión imperial. Los sectores atlantistas, enquistados sobre todo en el partido Demócrata, parecen fijar su esperanza en lograr cambios de correlación de fuerzas en noviembre. La caída sostenida de las cifras de Trump alimenta esa ilusión. Esa batalla no se librará, en todo caso, solo en territorio estadounidense.
Mientras los más extremistas en el bando republicano preparan las condiciones de control en el istmo centroamericano, donde el bukelato podría jugar el papel de procónsul en la expansión del control imperial, los demócratas buscan atacar o debilitar a los aliados del trumpismo.
Así se puede interpretar la reciente emisión del documental “Las dos caras de Bukele”. El material golpea con fuerza -aunque no presente elementos nuevos, que no hayan sido difundidos previamente en medios periodísticos- la credibilidad de quien, a los ojos de la Casa Blanca, parece ser junto a Milei, su más fiel aliado hemisférico.
Cuestionar al dictador, desmontar su leyenda de éxito contra el crimen organizado develando sus maniobras y acuerdos, criticar su narrativa y su brutal metodología, representó un golpe para la dictadura. En todo caso, el mayor efecto negativo parece tener lugar fuera de El Salvador, particularmente en América Latina, EEUU y Europa.
Replegado cada vez más sobre sí mismo en su lucha contra potencias emergentes, el imperio ha subrayado con energía su espacio vital en la reactualizada doctrina Monroe. Con respecto a China no parece haber realmente diferencias de fondo entre una u otra facción imperialista, en cuanto a su definición como enemigo principal. Sin embargo, se disputa cuál de ellas asumirá la estrategia que retrase el declive imperial de los Estados Unidos, desplazando al gigante asiático de la “Terra Nostra Americana”.
La respuesta de los pueblos
Como enseñara el patriota cubano José Martí, al plan del imperio se debe responder con el plan de los pueblos.
EEUU plantea su agresivo despliegue sobre Nuestra América con la arrogancia de quien organiza un paseo por el parque; da por sentado que la ampliación de gobiernos de extrema derecha en la región es garantía suficiente para asegurar su control hegemónico regional. El lanzamiento de la nueva fuerza de tareas conjunta parece priorizar el control social en la región a través de la inteligencia, pero con la fuerza militar preparada en caso necesario.
Entre sus objetivos prioritarios figura Cuba, objeto de deseo de Marco Rubio, obsesionado junto con la mafia de Miami por la Isla. Para esos fanáticos, cada día que pase sin que EEUU lance una ofensiva militar representa una derrota política. Rubio no duda en mostrar sus cartas, y advierte que cada proyecto cubano por superar el bloqueo genocida será contrarrestado.
Cuba resiste, y las muestras de solidaridad no se detienen. Recientemente en La Habana, se realizó el 24° Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros (EIPCO), con más de 100 líderes de 45 partidos de todo el mundo.
El canciller Bruno Rodríguez fue enfático al denunciar la coerción de Washington y reafirmar la firmeza cubana: «Nada, nunca, hablaremos con el gobierno de Estados Unidos de los asuntos internos de Cuba. Nuestro rumbo ni ha cambiado ni cambiará».
Casi simultáneamente se desarrolla la IV Asamblea Continental de ALBA Movimientos, dedicada a compartir un balance histórico de las revoluciones y los desafíos del proyecto socialista, en el marco del centenario del natalicio del Comandante Fidel Castro. Entre las conclusiones e ideas lanzadas en el foro, destacaba la visión de un capitalismo que no consigue sostenerse sin un mensaje fascista en la sociedad y sin gobiernos autoritarios para controlar su crisis.
A lo largo del encuentro, diversas voces coincidieron en que el socialismo no puede pensarse como un modelo acabado sino como una construcción cotidiana, que se juega en el terreno de las ideas, la cultura y la organización popular. La integración de los pueblos de América Latina resulta condición indispensable y horizonte compartido, porque ningún proyecto de liberación verdadero puede concebirse desde el aislamiento.
Argentina, defensa de la tierra
Pero Cuba no es el único frente de lucha popular que se dispone a confrontar y enfrentar el plan imperial en la región. Borrachos de un poder que parece asentarse más en la división de los otros que en su propia fortaleza, los agentes del imperio y sus asociados sionistas creyeron oportuno lanzar una ofensiva sobre el control territorial de los recursos naturales de Argentina mediante una entelequia diseñada para afianzar jurídicamente el desmembramiento y la fragmentación del territorio en beneficio de quien pueda pagar por esas tierras.
Fue un exceso de confianza y un error de cálculo. La lucha por la defensa de la soberanía retomó la fuerza de causas profundamente sentidas por el pueblo.
El resultado fue la movilización y el enfrentamiento en las calles contra la represión salvaje de la policía de Milei, que encontró esta vez una resistencia inesperada. Las imágenes fueron elocuentes, aunque la prensa oficialistase empeñara, desde canales oficiales, en presentar las escaramuzas como pasajeras. Ni lo fueron ni lo serán. La llamada ley de tierras fue retirada por ahora. La lucha en las calles, en cambio, difícilmente se detenga por esta suerte de tregua temporal.
La realidad en Argentina muestra los movimientos del imperio como un laboratorio, pero también la respuesta popular como una escuela. Ya había sucedido, apenas un tiempo antes en Bolivia, con los cortes de carreteras y las resistencias de sectores sindicales a las medidas autocráticas de Rodrigo Paz. Las batallas en las calles dieron lugar a un posterior repliegue, pero fueron una muestra de que no todo ni todos aceptan con la cabeza baja lo que dicten los agentes de EEUU en la región.
Tampoco estos dos ejemplos son aislados ni únicos. Está, por ejemplo, el caso de Puente Quemado 2, En las semanas pasadas el pueblo Mbya Guaraní, en la provincia de Misiones, enfrentó desalojos, ataques de terratenientes, dispuestos a utilizar toda forma de violencia contra el pueblo. Finalmente se produjo el regreso victorioso de la comunidad. El pueblo Mbya Guaraní se unió esta semana a las combativas marchas en defensa de la tierra, que tuvieron carácter nacional.
La disputa gira principalmente en torno a la recuperación y defensa de territorios ancestrales, el reconocimiento de derechos constitucionales y la resistencia frente a la violencia estatal, el desalojo y el avance del modelo agroindustrial y privado.
Son señales, como lo son las expresiones de resistencia de base del pueblo chavista contra el avance yanki sobre los recursos naturales de Venezuela, y contra la sobre-determinación política de Washington sobre Caracas. Tienen un valor cualitativamente superior las expresiones y acciones antiimperialistas convocadas por comunas chavistas y otros sectores populares, porque indican que tampoco en Venezuela el invasor tendrá las cosas tan fáciles como pretende el discurso oficialista.
Más de lo mismo en Colombia, donde un personaje que parece una parodia combinada de Milei y Bukele, asume el poder con amenazas de exterminio, pero con correlaciones de fuerzas que aún deberán ser probadas en la lucha, aunque anticipan resistencia activa popular desde las organizaciones campesinas, desde las grandes ciudades, desde los sectores afrodescendientes. Un pueblo que conoce el valor de la insurgencia, de la resistencia y de la insurrección, no es un pueblo pasivo ni sin memoria.
En El Salvador la resistencia se manifiesta en todo el territorio nacional y en la búsqueda de alianzas que sumen en diversos terrenos de lucha, no solo el electoral, pero también en él. La amenaza de cancelación del Estatus de Protección Temporal (TPS) para El Salvador mantiene en vilo a la comunidad en EEUU hasta el 9 de septiembre, y amenaza con nuevos elementos de crisis para un gobierno que poco o nada ha hecho ante EEUU por sus conciudadanos en el exterior.
En México se acentúan las presiones estadounidenses y se escala el lenguaje belicista e injerencista de Washington. Las fuerzas políticas y sociales se preparan para la defensa de un proyecto transformador que se sabe bajo amenaza extranjera. Los tiempos de tensionar fuerzas se acercan, en particular mirando con atención lo que pueda suceder en Brasil en octubre.
Cada caso mencionado representa alguna de las múltiples expresiones de resistencia que, desde Chile hasta Brasil y desde Perú hasta Canadá empiezan a mostrar los pueblos, dispuestos a no ser testigos pasivos de la amenaza imperial.
“Sin plan de resistencia no se puede vencer un plan de ataque”
Plan contra plan nos enseña Martí, y hoy más que nunca, el panorama de Nuestra América, nos presenta la necesidad de la unidad dentro de nuestros países, y a nivel continental y regional. Cohesionar nuestras luchas, comunicarlas, integrarlas, será la respuesta al plan del enemigo de la humanidad de fragmentar, dividir y separar pueblos y luchas.
Nos falta mucho, pero es necesario empezar a buscar las formas adecuadas de coordinación. Nos lo enseñaron Martí, Fidel y también el Che, quien nunca infravaloró al papel de la unidad y de la coordinación entre pueblos, y entre revolucionarios.
Los tiempos de lucha en defensa de la soberanía popular parecen volver, no por voluntad de los pueblos, que quieren paz, armonía y desarrollo humano, sino por imposición imperial, que nos enseña que, o nos defendemos unidos y coordinados o nos aplastarán divididos. Plan contra plan es, pues, la consigna.