La larga sombra de Brasil

A la sombra de las elecciones en Brasil, hecho determinante en la política regional y hemisférica, otros acontecimientos también merecieron atención estos días, como el “secuestro institucional” de Luisa González, ex candidata a la presidencia de Ecuador por Revolución Ciudadana, o el caso de la dictadura salvadoreña, que vuelve a utilizar una crisis, con el secuestro de su personal militar en Haití, para obtener réditos políticos y distractores de sus nefastas políticas.

Brasil, militarismo y religión de la mano

“De los nueve [SIC] países que tienen fronteras con Brasil, siete están bajo gobiernos impuestos por los Estados Unidos e Israel. En todos ya están tropas del Comando Sur.

Una lluvia de artículos y análisis hasta la intoxicación. Pero del ejército de evangélicos de esas iglesias, que son millones en Brasil, convenientemente se habla muchísimo menos. Que tengan su sede central en Washington y cada vez más en Israel, de eso parece no querer saber nada el periodismo y al parecer tampoco la Academia”.[1]

La denuncia, certera y casi telegráfica, proviene de un breve texto de la intelectual argentina Stella Calloni en el portal La Tizza, publicado con posterioridad a la primera vuelta electoral en Brasil. Apunta al corazón de lo que se está jugando en estos días en ese país y más allá. Y, sobre todo, acerca de quienes se están jugando qué.

No resulta ocioso destacar la imposición de gobiernos por parte de EEUU (y ahora también de Israel) en una proporción que no se veía desde la diplomacia de las cañoneras, cuando prácticamente ningún país escapaba a la censura y control de Washington, más allá de lo que sus pueblos decidieran.

Resulta pertinente subrayar dos hechos determinantes en estos días de ofensiva militar, política e ideológica del imperio estadounidense sobre Nuestra América. En primer lugar, como denuncia Calloni, la incursión del Comando Sur en siete de los países fronterizos con Brasil. Una amenaza latente que, viendo la experiencia venezolana y el asedio a Cuba, no puede considerarse fantasiosa ni conspirativa.

Son acciones destinadas a condicionar cualquier movimiento futuro. Responden, paso a paso, a cada uno de los acuerdos político-militares desplegados en el continente desde el anuncio de la Doctrina de Seguridad Nacional en diciembre de 2025, el lanzamiento del Escudo de las Américas en marzo de 2026, y las acciones de contrainsurgencia preventiva desarrolladas por tropas de EEUU, en asociación con fuerzas militares locales en diversos puntos del hemisferio, entre otros movimientos desplegados en los últimos meses.

Otro eje es el fundamentalismo religioso, que tiene en Brasil un exponente destacado en el pentecostalismo ultraconservador y en el sionismo cristiano evangélico; fueron determinantes en una parte del proceso electoral brasileño, y empiezan a ser un vector narrativo de las extremas derechas en sus maniobras de cooptación de poderes públicos y voluntades populares en la región, particularmente en ámbitos donde la presencia del Estado se ha debilitado.

Ambas alas (la militar y la religiosa) constituyen formas de guerra que elusivamente se denominan híbridas, de cuarta generación, cognitivas pero que, en definitiva, más allá de los nombres, no dejan de ser ofensivas violentas contra la voluntad de nuestros pueblos, el aplastamiento de las soberanías nacionales y el posicionamiento adecuado para materializar el despojo de recursos necesarios por el imperio, funcionales a su disputa global geoestratégica y su despliegue bélico mundial. En ese marco adquiere aún más valor el triunfo en Brasil.

Haití, un golpe que las mentiras no llegan a neutralizar

La visión fundamentalista religiosa del dictador salvadoreño se ha vuelto a poner de manifiesto esta semana en recientes discursos y textos publicados en redes sociales.

Desde Haití llegaban noticias del secuestro de cuatro militares salvadoreños, parte de un contingente enviado a aquel país hace meses, luego de una de las tantas campañas de propaganda de la dictadura salvadoreña para posicionarse como referente internacional de la mano dura contra todo tipo de pandillas y criminales.

Aprovecha esta ocasión para usar tonos y lenguajes amenazantes contra grupos sobre los que no tiene ascendente alguno. Ignorando la realidad de aquel país, anuncia el envío de un contingente militar al estilo hollywoodense de Salvar al Soldado Ryan.

El gobierno parece esperar que el incidente y el despliegue de prensa hagan olvidar en El Salvador que la canasta básica ha roto otro récord, que el ritmo de las remesas sigue bajando, que la deuda alcanza ya el 90% del PIB, o el fiasco del discurso presidencial anunciando una liberación de prisioneros, que se transformó en un mar de contradicciones oficialistas.

Demasiado para hacer olvidar con una sola maniobra distractora, a costa de cuatro militares secuestrados por organizaciones criminales que manejan Haití a su antojo, no como sucedía en El Salvador, donde la represión anti-pandillas y el régimen de excepción solo tuvo lugar una vez fracasadas las negociaciones con estos grupos criminales.

Se registra así la conjunción de militarismo e invocación religiosa. Esta última tan explícita y retorcida que recordaba textos del más profundo oscurantismo. Escribió en su cuenta oficial el dictador:

“[…]Todos los que se han enlistado son creyentes y hemos encomendado esta misión a Dios, mientras que las pandillas de Haití son satánicas y es de conocimiento público que hacen sacrificios humanos. Dios nos concederá la victoria. El Creador del Universo está con nosotros.”

El secuestro de Luisa González

El pasado jueves, en su residencia en la provincia ecuatoriana de Manabí, fue detenida por fuerzas del régimen de Daniel Noboa, la ex candidata a la presidencia de Ecuador y dirigente de Revolución Ciudadana, Luisa González.

Su detención arbitraria habla más de la debilidad del régimen que de su fortaleza. Desde el poder saben que sus acciones pueden provocar estallidos que solo los hundirá más en su crisis; al hacerlo reconocen haber quedado sin alternativas. Algo que empieza a verse en más de un punto del continente.

La Fiscalía ecuatoriana ordenó la detención por un presunto delito de lavado de activos. Estas investigaciones ocurren en medio del proceso electoral del 29 de noviembre, en el que el gobierno de Noboa inyectó recursos públicos, además de promover acciones políticas y judiciales para que sus candidatos ganen puntos en las encuestas.

No se trata sólo de un acto arbitrario, responde a un plan continental diseñado para interferir en procesos electorales y anular la voluntad popular.

También aquí aparece en una de sus formas más maquiavélicas, el vector de la justicia como herramienta de persecución política (Lawfare) como parte integral del «Escudo de las Américas», diseñado por Washington para imponer gobiernos extremistas, de derechas neofascistas, con apariencia democrática.

Contra el tiempo

No es tiempo lo que le sobra a esta ofensiva política, militar e ideológica lanzada sobre el Continente. Eso parecen reconocer las preocupaciones de los medios encargados de medir la temperatura de los movimientos financieros, sobre todo de los financistas y especuladores que se benefician de este giro radical hacia la derecha.

Tal el caso del Grupo Citi, que esta semana “advirtió sobre la “rápida” pérdida de popularidad de los nuevos gobiernos de derecha en Chile, Colombia y Perú, así como las dificultades para alcanzar consensos políticos que permitan impulsar reformas, atraer inversiones, y aprovechar las condiciones económicas favorables para la región”, según reporta Bloomberg Línea[2]

“Citi indicó que la popularidad de estos Gobiernos de derecha está cayendo más rápido de lo que esperaban. ´No basta con ganar la Presidencia ni en Colombia, ni en Perú, ni en Chile, hay que hacer el trabajo´, dijo el economista jefe de Citi en la región, Ernesto Revilla”, subraya la nota citada, que destaca la expectativa de caídas drásticas en la popularidad de los recientes líderes de extrema derecha que han accedido al poder en países como los señalados.

Parece una señal de advertencia de algunos de los jugadores clave de las finanzas mundiales, en el sentido de que este aparente periodo de triunfal avance político en América Latina, no se asienta sobre bases sólidas, como engañosamente podrían indicar algunos resultados electorales. El resultado de la segunda vuelta de Brasil parece apoyar esta tesis.

No podemos olvidar los cuestionables métodos con que muchos gobiernos de derecha llegaron al poder, los aún más cuestionables con que se sostienen y la crisis permanente que representa no solo el factor económico, sino la objetiva paridad entre las fuerzas de izquierda y de derecha en cada uno de los últimos comicios.

Detrás de esas expresiones de supuesta imbatibilidad estamos ante extremistas violentos y fanáticos, pero que no cuentan con suficiente base material para garantizar su permanencia por un plazo más o menos prolongado.

Quedan tareas para las izquierdas y las fuerzas populares; las propias élites gobernantes reconocen a regañadientes sus debilidades; será hora que en el campo popular se resuelvan y superen aquellas dificultades que aún impiden acumular fuerzas de una manera determinante y definitiva.

Existen masivas movilizaciones en diversos puntos del planeta, y equilibrio de fuerzas en más de uno de nuestros países; superar diferencias, aunar esfuerzos y catapultar las acciones de masas con liderazgos auténticos y reconocidos será parte esencial para elevar a la enésima potencia las fuerzas del pueblo de norte a sur de Nuestra América.

Brasil, notas rápidas después de la victoria

Ganó Lula en una noche que se anticipaba tensa y pareja hasta el conteo de los últimos votos. Aunque en principio fue así, la realidad negó finalmente esa premisa. Con 64,164,032 de votos, el presidente Lula alcanza su cuarto mandato y supera al ultraderechista Flavio Bolsonaro que, no obstante recibió 59,788, 685 votos. En porcentajes, esto representa 51.77 % para Lula y 48.23 % para Bolsonaro. 

En el terreno internacional, los pueblos de América Latina miraban con la respiración contenida los avatares de la elección brasileña. Era una de las últimas barreras, y sin duda la más contundente y decisiva, que debía superar la ultraderecha continental, pero particularmente el trumpismo, para imponer su aplanadora sobre la región. La caída de Brasil hubiera dejado a Cuba, Nicaragua y México como próximos objetivos imperiales.

Una derrota hubiera dejado, como ya está sucediendo con Colombia, sus recursos minerales estratégicos a disposición de las corporaciones estadounidenses. Hablamos de la tercera mayor reserva mundial de tierras raras y minerales estratégicos acumulada en un solo país. China posee 44 millones de toneladas (alrededor del 40% de las reservas globales), seguida de Vietnam, 22 millones de toneladas, y Brasil, 21 millones de toneladas. Eso también estaba en juego en estas elecciones.

Por otra parte, la ofensiva política reaccionaria sobre el continente no se revierte con este triunfo pero recibe un freno considerable. En especial de cara a las próximas elecciones de medio término del 3 de noviembre. Si alguien además de Bolsonaro fue derrotado, esos fueron Donald Trump y Marco Rubio, pero también allí se incluye el sionismo de Netanyahu, las Big-Tech de Silycon Valley, los grandes financistas de la extrema derecha y un complejo militar-religioso orientado al despojo y la dominación.

El presidente de Cuba, uno de los primeros mandatarios que felicitó el triunfo, se puso al servicio de cualquier esfuerzo por avanzar en la unidad latinoamericana y caribeña, punto estratégico que puede convertir este triunfo, de un freno al avance imperial (como lo es hoy) en el inicio de un proceso de reversión de políticas de saqueo implementadas desde hace años.

En el terreno interno, la compleja política local brasileña no se dilucida con un triunfo presidencial. La balanza de poderes aparece inclinada a la derecha, y algo similar sucede en materia territorial. No será fácil la gobernabilidad, y allí tal vez sea relevante algún dato, Lula es el presidente con el mayor caudal de votos en la historia de la democracia brasileña.

Otro elemento destacado es la importancia de la campaña de segunda vuelta orientada a quienes se abstuvieron en primera. Fueron dos millones de votos más, y aunque sin duda no todos votaron por Lula, y algun porcentaje de cambio de votos se debe registrar, lo cierto es que el dato fue clave para operar la primera reversión en la historia de Brasil de una derrota en primera vuelta transformada en victoria en segunda. No es un milagro, fue trabajo de calle, de casa por casa, y de una impresionante movilización de masas.

Al fin de la jornada muchos se acostaron con una agradable sensación, y un cierto alivio, tal vez porque la derrota de hace 20 días resultó tan inesperada como esta victoria.

Es un alivio, pero solo nos indica que ¡la lucha continúa!


[1] La ceguera de los híbridos

[2] https://www.bloomberglinea.com/economia/a-citi-le-preocupa-la-rapida-caida-de-popularidad-de-los-nuevos-gobiernos-de-derecha-en-america-latina/?fbclid=IwY2xjawVLOiBleHRuA2FlbQIxMABwZG9mBWJyaWQRMVIwTTZnb3BaRkhGTW1xdDVzcnRjBmFwcF9pZBAyMjIwMzkxNzg4MjAwODkyAAEeW4K3mKoB8HgfUQFfjdINlB5CBFAoGETnQbnx48erGrO9-DcmlzF57U6NfyA_aem_ZiWM2uNL-JWFGzNDo9RwHw

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