Cumbres de subordinación y dependencia

Dos hechos políticos mostraron estos días la relación de subordinación y dependencia que el imperio estadounidense pretende consolidar  sobre “SU hemisferio occidental”.

Ambos tienen como telón de fondo la Doctrina de Seguridad Nacional (diciembre 2025), donde se asume a EEUU con derechos sobre los recursos naturales que se encuentren en esa área de influencia y, muy en especial, la Estrategia de Defensa Nacional de EEUU (enero 2026), elaborada por el Departamento de Guerra de aquel país, como instrumento doctrinario militar, destinado a materializar los postulados de la primera.

La convocatoria del presidente Trump a sus súbditos más leales en el continente, los presidentes ideológicamente afines a su extremismo de derecha, constituye el primero de estos dos hechos políticos.

Aunque insistieron publicitariamente que se trataría de contrarrestar la influencia china en la región, es evidente que la idea de juntar y organizar sus más fieles peones en el tablero geopolítico regional apunta también a consolidar la dominación estadounidense en puntos clave, sin necesidad de desplegar fuerzas militares propias.

 Esta suerte de coordinación interamericana de fascistas destaca por su absoluta dependencia y actitud abiertamente entreguista de recursos nacionales en función de los intereses del Norte. Es también una clara señal hacia el resto del continente, aún no alineado a esas posturas.

El segundo hecho reunió, del 10 al 11 de febrero, a los jefes de Defensa de más de 30 países, para coordinar el combate al narcotráfico y garantizar la seguridad regional.

Ambas convocatorias apuntan a la profundización de políticas agresivas de Washington hacia la región, en un territorio que espera regir como área de “Pax Americana”, al servicio de los intereses de la Unión.

Estamos ante una nueva política de garrote y zanahoria, con marcada preferencia por el “garrote”, y así lo admiten en sus documentos:

“►Lucha contra los narcoterroristas en el hemisferio. Incluso mientras el Departamento trabaja para asegurar las fronteras de Estados Unidos, reconocemos que las amenazas a esas fronteras también deben abordarse con mayor profundidad en el hemisferio. Por ello, ayudaremos a desarrollar la capacidad de los socios para degradar las narco-organizaciones terroristas en toda América, y apoyarlos mientras lo hagan, además de mantener nuestra capacidad para tomar medidas decisivas unilateralmente. Pero si nuestros socios no pueden o no quieren, si no hacen su parte, entonces estaremos preparados para actuar con decisión por nuestra cuenta, como la Fuerza Conjunta ha demostrado en la Operación ABSOLUTE RESOLVE.

Asegurar terreno clave en el hemisferio occidental. Como expone la Estrategia de Seguridad Nacional, EEUU ya no cederá acceso ni influencia sobre terrenos clave del hemisferio occidental. El DoW (Departamento de Guerra) por tanto, proporcionará al Presidente opciones creíbles para garantizar la presencia militar estadounidense y acceso comercial a terrenos clave desde el Ártico hasta Sudamérica, especialmente Groenlandia, el Golfo de América y el Canal de Panamá. Nos aseguraremos de que se mantenga la Doctrina Monroe en nuestro tiempo.” Estrategia de Defensa Nacional de EEUU (subrayado nuestro)

Los peones del imperio

El presidente Donald Trump, convocó a seis gobernantes de América Latina a una cumbre el 7 de marzo en Miami, con el propósito de fortalecer una estrategia regional frente al avance de China en el hemisferio occidental, según medios internacionales.

De acuerdo a esos medios, los invitados a la reunión serían Javier Milei (Argentina), Santiago Peña (Paraguay), Rodrigo Paz (Bolivia), Nayib Bukele (El Salvador), Daniel Noboa (Ecuador) y Tito Asfura (Honduras). Ni la Casa Blanca ni los gobiernos mencionados confirmaron de inmediato dicha convocatoria.

El llamado de la Casa Blanca refleja el vínculo estratégico entre Washington y presidentes con quienes Trump mantiene afinidad ideológica, así como en materia de política económica y de seguridad. Subraya la prioridad asignada al hemisferio occidental y representa la aplicación de la reinterpretada Doctrina Monroe, con énfasis en comercio, inversión y acceso a minerales estratégicos en América Latina.

Más allá de las intenciones publicitarias emitidas “extraoficialmente” para alimentar las especulaciones y potenciar el discurso oficial de Washington, resulta evidente que se están dando pasos consistentes en la estrategia de profundizar la dominación del espacio indoamericano y caribeño, con la intención de asegurar la explotación de recursos minerales y energéticos requeridos para enfrentar los desafíos de mercados emergentes desde República Popular China, Rusia, India, y Türkiye, entre otras.

Hoy se comprende mejor, por ejemplo, aquella decisión del régimen de Bukele de reactivar la minería metálica, no porque beneficie en modo alguno al país sino porque responde a necesidades (y exigencias) de los estadounidenses. Del mismo modo, ese gobierno se siente lo suficientemente respaldado para violar los acuerdos con el FMI sin esperar mayores consecuencias, en la medida que desde Washington operan los mecanismos encargados de asegurar la impunidad.

Los estrategas estadounidenses están envalentonados. La agresión militar injustificada contra Venezuela, el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro y la diputada Cilia Flores, el despliegue de agresivas políticas criminales de boicot y sabotaje a la vida de un pueblo pacífico pero indomable como Cuba, que por fin empieza a recibir solidaridad material, más allá de las palabras, enmarcan el contexto de la convocatoria.

Los invitados -si asisten-, quedarán retratados como indignos vendepatria-. Quizás confían que el “modelo Trump” tendrá larga duración, pero los datos señalan su creciente debilidad política. Parece arriesgado apostar por una larga estancia en la Casa Blanca, no solo del jefe de la manada sino de sus posibles sucesores, empezando por el vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado Marco Rubio, exponentes de corrientes antagónicas al seno de MAGA y el trumpismo, ambos con interés en tomar las riendas del proyecto post-Trump.

Sucesivas derrotas locales cuestionan la viabilidad del proyecto, al menos en relación a las políticas domésticas en EEUU.

Desde otro ángulo, la convocatoria de Trump parece una advertencia a gobiernos vacilantes, como los de Brasil y Colombia que, puestos ante encrucijadas históricas, pueden ser proclives a plegarse finalmente a los designios imperiales, con escasa resistencia, aunque -muy posiblemente- con encendidos discursos contestatarios.

También es un mensaje para México. En su descargo, debemos destacar la actitud madura del gobierno de la 4T de evitar confrontaciones directas con un vecino agresivo, y a veces difícil de interpretar, pero sin abandondar la digna posición de defensa de la Patria, de autodeterminación y de independencia.

Esos valores se personifican en la presidenta Claudia Sheinbaum y se expresan en la “cuestión cubana”. No han cesado los apoyos de ayuda humanitaria, algo que pocos países pueden decir a esta altura, aunque por el momento hayan tenido que hacer un alto en la llegada de petróleo a la Isla. El pueblo y gobierno cubanos reconocen estas actitudes, comprenden las dificultades, y así lo han manifestado.

Los perros de la guerra

En línea con el enfoque regional imperial, el pasado miércoles se realizó en Washington una reunión con altos jefes militares del hemisferio occidental; allí se discutieron cuestiones de cooperación ante amenazas transnacionales y se reiteró la importancia estratégica que la administración asigna a América Latina para sus intereses.

El Departamento de Guerra de Estados Unidos reunió a jefes militares de 34 naciones del hemisferio occidental en una conferencia de seguridad sin precedentes, diseñada para articular la nueva Estrategia de Defensa Nacional, que por primera vez sitúa a la región por encima de Asia y Europa en las prioridades del Pentágono.

La cumbre se desarrolló bajo la conducción del general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, y no fue accesible para la prensa, por lo que son pocos los datos que se han filtrado. La convocatoria incluyó a naciones de América Latina y el Caribe, así como a Dinamarca, Francia y el Reino Unido.

Fuentes oficiales del Departamento de Guerra confirmaron que el objetivo declarado del encuentro es «fortalecer la cooperación regional» y «profundizar el consenso sobre prioridades de seguridad compartidas«. Sin embargo, analistas y documentos oficiales revelan una agenda más agresiva: Washington busca formalizar su doctrina de «preeminencia en el hemisferio occidental» y exigir a los países de la región que asuman mayores responsabilidades en la supuesta y cuestionada lucha contra el narcotráfico y el crimen transnacional.

Resulta difícil creer que en ese universo de países e intereses tan variados no emergerán fisuras respecto de la agenda estadounidense. El Reino Unido, por ejemplo, cesó en septiembre de 2025 el intercambio de inteligencia con Estados Unidos sobre operaciones contra embarcaciones; Francia ha enfatizado que la lucha antinarcóticos debe respetar la soberanía de los Estados.

Aunque resulte “natural” que representantes de países como Cuba y Nicaragua no hayan sido invitados, no dejó de llamar la atención que la convocatoria haya incluido a la República Bolivariana de Venezuela. Sin embargo, es de destacar la ausencia de cualquier representación de esa nación. Esto indicaría una autonomía e independencia que la aleja de las áreas de influencia de los EEUU en un terreno especialmente sensible.

Vale, en este sentido, recordar la experiencia Sandinista de 1990; en aquella ocasión la revolución sufrió una derrota electoral, debiendo traspasar el gobierno a la derecha, expresada en una victoriosa Violeta Chamorro. Sin embargo, aún con ese percance, el Sandinismo no dejó de controlar el Ejército Popular, ni mucho menos los Comités de Defensa Sandinista, lo que permitió a las fuerzas revolucionarias el retorno eventual al gobierno, no sin antes haber pasado un largo periodo de 16 años en la oposición. Son lecciones de Nuestra América que merecen recordarse en las actuales circunstancias.

La cumbre de este miércoles no es, por tanto, una mera reunión técnica entre mandos castrenses. Es la herramienta elegida por Washington para formalizar un nuevo orden de seguridad en el hemisferio: más militarizado, más unilateral y con mayores exigencias para sus vecinos.

La Conferencia de Jefes de Defensa del Hemisferio Occidental concentró su atención en los desafíos comunes de seguridad, como el combate a las organizaciones criminales transnacionales y el narcotráfico, además de cuestiones geopolíticas que afectan la estabilidad en todo el hemisferio.

El encuentro fue inaugurado por el Secretario de Guerra, Pete Hegseth, y contó con la participación de altos líderes de defensa de Estados Unidos, incluyendo el subjefe del Estado Mayor Conjunto, los Comandantes de los Comandos Norte y Sur, y el Jefe de la Guardia Nacional.

Nosotros, al igual que ustedes, queremos —y lograremos— una paz permanente en este hemisferio. Por lo tanto, trabajemos juntos con nuestras fuerzas armadas: ejercicios, entrenamientos, operaciones, inteligencia, acceso, bases, sobrevuelos, lo que sea; trabajemos juntos”, dijo Hegseth a los líderes reunidos.

Donald Trump ha propuesto elevar en casi un 70 por ciento el presupuesto de defensa de Estados Unidos hasta alcanzar 1,5 billones de dólares en 2027. Esto busca acercar el gasto militar al cinco por ciento del PIB, alineado con compromisos de la OTAN.

El tema de presupuestos de Defensa aparece también en la reunión de esta semana. Según versiones de oficiales presentes en el cónclave se pidió reiteradamente a los delegados de América Latina aumentar sus presupuestos en la materia.

Doctrina Monroe, a la Trump 

De acuerdo con el mensaje difundido por la Secretaría de Guerra, Hegseth pidió a los jefes de defensa que se unan para disuadir a los “malos actores” que ya operan en la región o buscan hacerlo. Evocó la doctrina emitida en 1823 por el presidente James Monroe, que declaraba al hemisferio occidental fuera del alcance de cualquier intento de colonización por parte de las potencias europeas, y advertía que cualquier interferencia sería vista como un acto hostil contra Estados Unidos.

Hegseth justificó los cierres fronterizos y operaciones militares recientes, como la Operación Lanza del Sur, con ataques aéreos contra presuntos traficantes, y la Operación Resolución Absoluta, nombre código de la agresión militar contra Venezuela.

Finalmente, subrayó que la administración Trump considera que la soberanía y la integridad territorial dependen del poder militar, además de la aplicación de la ley.

Sí, la policía es importante y la aplicación de la ley es importante, pero el poder militar también lo es”, dijo, instando a los países presentes a trabajar juntos contra los cárteles.

En apenas unas semanas la Casa Blanca y el Pentágono lanzaron sendas ofensivas sobre América Latina y el Caribe para asegurar la sobre-determinación de las políticas en la región, asegurando compromisos y lealtades entre la corriente de pensamiento de extrema derecha que avanza a lo largo del continente, mientras que para el resto de países, el mensaje parece ser: alinearse o sufrir las consecuencias.

En estas condiciones, ¿qué queda a los pueblos cuyos gobiernos se han plegado tan vilmente a los designios de Washington, poniendo en peligro incluso la vida y la supervivencia de sus sociedades? ¿Cuánta validez tiene hoy poner todas las esperanzas en llamados a la solidaridad, si al mismo tiempo no se lucha localmente por desplazar del poder a las fuerzas neofascistas que, como estamos viendo, no dudan en asociarse en alianzas internacionales que les asegure avanzar hacia el control regional?

El Che nos sigue interpelando, recordándonos que no debemos creer nada del imperialismo. Si a la estrategia popular sumamos la más amplia unidad entre los pueblos y la desconfianza permanente a lo que digan desde las usinas desinformativas de Washington, contaremos con herramientas efectivas para enfrentar, en mejores condiciones, al más voraz y depredador imperio que Nuestra América ha sufrido en mucho tiempo.

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