Ni Milei ni Trump saludaron al presidente Lula, ni reconocieron su victoria electoral. Un detalle que tiene su importancia político-simbólica, en la medida que revela el sentido de derrota y el enorme disgusto que ésta representa. Son incapaces de saludar al adversario porque, en realidad, lo consideran un enemigo. No es cuestión de formas.
Tampoco es cuestión de forma ni de olvido que la prensa no haya mencionado a otro que brilló por su ausencia al momento de reconocer el triunfo, el dictador salvadoreño Nayib Bukele, que encontró en la derrota de “su” candidato, la caída de uno de los férreos defensores de su modelo autoritario y violatorio de derechos, que la derecha extremista y corrupta insiste en exportar – a pesar de su derrota en Brasil- como el camino para colonizar el territorio nuestroamericano.
La “campaña de Haití” y el proxy salvadoreño
Mencionamos la semana pasada la aventura haitiana del régimen salvadoreño como distractor oportuno ante la grave situación económica que atraviesa el país.
Al mismo tiempo, el deterioro creciente de la imagen presidencial a nivel internacional no mejoró ni siquiera con la incursión en el cono sur de América, del principal encargado de construir narrativas falsas en favor del régimen, el nefasto vicepresidente Félix Ulloa, que ya había hecho el ridículo en Europa, y que esta vez fue vapuleado por los medios de prensa en Uruguay.
Fue tan evidente su fracaso en construir relatos paralelos que, lejos de mejorar la imagen de la dictadura, confirmó sus peores perfiles. Tampoco ayudó el desfile de denuncias verificadas ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en estos días, donde la misión oficial de El Salvador brilló por su ausencia, tal como lo hizo en Naciones Unidas ante la votación de condena al bloqueo criminal contra Cuba.
El secuestro de cuatro militares salvadoreños en Haití resultó ideal para que el régimen intentara construir un nuevo relato, esta vez pintado de épica y heroísmo hollywoodiano. Esto permitió al dictador hacer lo que más le gusta, amenazar desde redes sociales, construir enemigos internos o externos y postular una supuesta supremacía religiosa (Dios con nosotros) que justificaría cualquiera de las salvajadas a las que tiene acostumbrado al pueblo salvadoreño. Pretendía jugar la misma maniobra a la comunidad internacional, esperando mejorar su alicaída imagen.
El inicial terreno de combate no fue Haití, fueron las redes sociales, que de inmediato empezaron a mostrar sospechosas alabanzas y “agradecimientos al presidente Bukele” en boca de supuestos haitianos; se sumaron redes de ultraderechistas e “influencers” dominicanos, que aportaron su superlativo nivel de racismo y discriminación anti-haitiana, histórica en ciertos sectores sociales del otro lado de La Española. Se mostraban explosiones, algarabía de gente local, captura de supuestos líderes de grupos criminales, todo en dudosos videos, jamás corroborados por alguna fuente local seria y digna de confianza.
Por el contrario, fuentes serias advirtieron de la oscuridad de estas maniobras, y de la sospecha que detrás de estos gestos ampulosos y palabras altisonantes, se ocultaba otro tipo de maniobra, oscura y criminal, que pondría al dictador salvadoreño como instrumento al servicio de la reacción y los intereses de Washington y del grupo MAGA, enfrentados estos días a desafíos que podrían poner en duda la viabilidad del proyecto autocrático de la dictadura salvadoreña, si el destino político de sus padrinos empieza, previsiblemente, a torcerse.
Le Nouvelliste, el decano de la prensa haitiana, el más antiguo en lengua francesa en América, y su editor, Frantz Duval, gozan de un prestigio profesional en materia informativa de la que carecen Bukele y sus mercenarios de plumas pagadas. El 28 de octubre Duval escribió en su editorial[1]:
“[…] se ha establecido un verdadero puente aéreo entre Haití y El Salvador. El presidente del país, Nayib Bukele, ya ha desplegado a más de 1300 hombres en Haití en menos de una semana.
Esta tropa, compuesta principalmente por militares y miembros de fuerzas especiales, es la mayor desplegada por un país en Haití desde el fin de la MINUSTAH. Antes de los envíos salvadoreños, ni la Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad (MMAS) ni la Fuerza de Represión de Pandillas habían desplegado un contingente de este tamaño.
El martes, más de 600 hombres enviados por el presidente Bukele llegaron a Puerto Príncipe. Al mismo tiempo, aviones de carga transportan equipos en constantes idas y venidas. Se esperan otras entregas de maquinaria pesada.
Aunque Estados Unidos de América no ha comunicado sobre lo que ha estado ocurriendo en Haití desde el 18 de octubre ni sobre el cambio de liderazgo que se está produciendo sobre el terreno, apoya la operación Haití-Salvador.”
La nota editorial señala la falta de transparencia informativa, apuntando a la necesidad de explicar qué es lo que realmente sucede en esta operación. Las preguntas que deja en el aire, los silencios de Washington, y las fanfarronadas del dictador centroamericano, dan pie para mirar las cosas desde otro ángulo. Continúa Duval:
“[…] ¿Es esta la primera operación que forma parte del Escudo de las Américas (oficialmente la Coalición Anticártel de las Américas o Escudo de las Américas o A3C), la alianza política y militar lanzada por Estados Unidos bajo el presidente Donald Trump el pasado marzo?
¿Es un entrenamiento a gran escala?
¿Es un cambio destinado a sacar a Haití de la parálisis de las misiones multinacionales?
Mientras la operación Haití-Salvador toma forma, se está celebrando en la República Dominicana un foro hemisférico sobre operaciones para combatir cárteles y organizaciones narcoterroristas los días 26 y 27 de octubre de 2026. Haití NO tiene representante oficial allí, a diferencia de otros 19 países del hemisferio occidental. […]
¿Las últimas declaraciones del presidente de la República Dominicana, Luis Abinader, así como sus conversaciones con el presidente Nayib Bukele de El Salvador, forman parte del A3C o de coordinación regional?”
El velo de oscuridad que descubre el editorialista en Haití nos lleva a mirar con atención los detalles. El primero, el trasiego de armamento y equipo pesado que está llegando a la porción haitiana de la isla; además, despierta enormes sospechas la mencionada reunión de 19 países en República Dominicana, sin que se hayan dignado invitar al país que está siendo objeto de abierta intervención militar extranjera y de una literal ocupación mediante el despliegue de personal y de material bélico pesado.
En cuanto a la implicación de EEUU, el portal Axios reporta que: “Bukele había solicitado equipamiento militar a Estados Unidos, incluidos drones y aviones de transporte, pero fue oficialmente denegado, según otra fuente que dijo que Colombia podría actuar como intermediario no oficial para suministrar a la fuerza de Bukele sin huellas dactilares estadounidenses en la misión”.
Al mismo tiempo, Axios reporta que “Bukele llamó el martes al presidente Trump para asegurarse de que no tenía ningún problema con esta gran escalada militar, a la que el gobierno haitiano ha accedido”. «Haz lo que tengas que hacer«, le dijo Trump, según reporta el portal citando fuentes informadas sobre la llamada.
La pregunta que surge es ¿para qué semejante despliegue y acumulación de fuerzas militares, y por qué el silencio estadounidense en la materia?
Al mirar el mapa del Caribe, vemos a Haití a uno de los extremos del Paso de los Vientos. Al otro extremo de ese estrecho, por el que circulan entre 5,000 y 5,800 barcos comerciales al año, cargados con contenedores de mercancías con destino a la costa oeste de los EEUU, está la Isla de Cuba, en concreto, la Bahía de Guantánamo. La distancia que separa ambas islas es de 77 kilómetros, con una profundidad de 1,700 metros.
El historial de agresiones contra Cuba por parte del imperio y de algunos de sus más infames títeres, justifican las más serias sospechas. Si en esa ecuación incluimos a la empresa Vectus Global (ex Blackwater) del mercenario Erick Prince, con un contrato de 10 años por unos 44 millones de dólares (cifra no confirmada por la empresa), y al autócrata salvadoreño, uno de los destacados asociados de Trump-Rubio, siempre dispuesto a mostrar su vena reaccionaria y entreguista, que ya denigró a su país al convertirlo en una colonia penitenciaria al servicio del imperio, y que contribuyó -como difundió el NYT- desde la base aérea de Comalapa, al asalto sobre Venezuela, no resulta descabellado que la concentración de hombres y material bélico bajo la apariencia de una operación salvadoreña contra pandillas, constituya en realidad parte de los planes imperiales de invasión, concentrando fuerzas para lanzarlas sobre la heroica Cuba Revolucionaria.
Es una hipótesis válida, producto del tradicional juego de engaños del imperio, y de la no menos oscura y obtusa actitud de la dictadura salvadoreña, dispuesta a jugar como procónsul de intereses contrapuestos a los de El Salvador y de los pueblos hermanos de Nuestra América. Ante ello, no nos queda más que advertir de las sospechosas maniobras en curso y contribuir, como sea, a impedir o hacer fracasar las mismas.
Cuatro fracasos camino a una jornada peligrosa
Ya llega el martes 3 de noviembre. La jornada representará un enorme desafío para el grupo MAGA y su jefe, Donald Trump. Con independencia del resultado, es previsible anticipar que nada cambiará radicalmente en cuanto a estrategia imperial para la región, al menos de cara a los próximos años.
Sin embargo, en camino a esta prueba para la extrema derecha en EEUU, Donald Trump aspiraba a poder presentar cuatro resultados que ayudaran este martes a sus seguidores a movilizarse con mayor energía para disminuir u obstaculizar el esperable empuje de los Demócratas.
Se trataba de adjudicarse cuatro triunfos antes del martes decisivo: la victoria de su delfín, Bolsonaro, en Brasil, la reapertura del Estrecho de Ormuz, el triunfo de Netanyahu en Israel, y un acuerdo de paz en Ucrania. Ningún objetivo se consiguió, y vemos hoy a un Donald Trump forzado a moverse por todo el territorio donde sus asesores calculan que deben reforzarse las líneas de campaña, algo que esperaba tener controlado de obtener al menos tres de aquellos objetivos, finalmente frustrados.
A los fracasos internacionales se suma uno de política interna, no menos importante, el control de la inflación sigue siendo una quimera, y esto golpea a las mayorías.
En este inestable, inseguro y caótico mundo de disputa hegemónica de un imperio en declive, y de expresiones multipolares en desarrollo, la violencia y lo imprevisible son moneda de cambio cotidianas. Junto a disputas electorales e institucionales, las manifestaciones populares pueblan el mundo cada día con más insistencia, incluyendo los EEUU. Lo que hasta ayer parecía un camino de flores para la ultraderecha, hoy aparece repleto de barricadas y zonas en disputa.
El mundo en transición sigue su curso mientras el orden global, construido por los EEUU durante décadas, se desploma en cada rincón del planeta. Mala noticia para sus socios y lacayos. Lo nuevo surge, pero lento y desarticulado, mientras “los monstruos del claroscuro”[2] siguen apareciendo.
[1] https://x.com/Frantzduval/status/2115417419606855868
[2] Los Monstruos del Claroscuro. Geopolítica del Interregno. Esteche, Castiglione. PIA, 2026.